15 de enero de 2018

"Yo hago nuevas todas las cosas". Y agregó: "Escribe que estas palabras son verdaderas y dignas de crédito. (Apocalipsis 21,5)

Y el que estaba sentado en el trono dijo: "Yo hago nuevas todas las cosas". Y agregó: "Escribe que estas palabras son verdaderas y dignas de crédito. (Apocalipsis 21,5)
Meditando sobre que las cosas viejas pasan y lo nuevo llega, me vino a la memoria este fragmento precioso del libro del Apocalipsis, y pensé que es verdad. Es de gran esperanza para el creyente el pensar en las promesas de Dios para sus hijos. Ciertamente, en el contexto de este pasaje, el Espíritu Santo nos está hablando de cosas bastante trascendentes como la muerte (que será quitada), las penas, las quejas y los dolores (que desaparecerán un día).
Ciertamente el creyente ya camina hacia esa realidad en la medida que su vida se va transfigurando de algún modo y convirtiéndose. Pero el libro del Apocalipsis va un paso más allá, y nos habla de que las cosas serán efectivamente así un día, cuando todo sea restaurado por Dios.
A veces también en la vida, es bueno dejar atrás las cosas viejas, el pasado, y centrarse en vivir el presente. De nada vale estar recordando el pasado continuamente. Lo que pasó, ya pasó. Lo bueno quedó, lo malo ya no está.
Debemos poner nuestra confianza en Dios, y aumentar nuestra autoestima también, que Dios se complace en el que se ama también a sí mismo. No lo digo yo, lo dice Jesús:
Amar al prójimo, si, pero...
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No existe otro mandamiento mayor que éstos» (Mc 12, 29-31).
Todo lo que busca destruirnos y limitar nuestro caminar, u oponerse a nosotros, no viene de Dios.

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