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12 de julio de 2015

Me sacudo el polvo de los pies y ya no me volvéis a ver

Hoy les hablo del sacudirse el polvo de los pies después de llegar a un lugar donde quieres evangelizar o bien estar en una comunidad o grupo cristiano relacionándote con los demás en paz. Yo he hecho vida estas palabras en mi propia vida varias veces ya, la última recientemente.

Me acerqué a un grupo cristiano con el deseo de aportar mis dones y carismas. Fui rechazado, impedido, estorbado e incluso injuriado y amenazado. Pedí ayuda y no se me dio.

Por tanto, ¿que hacer en estas situaciones?

Aplicar las enseñanzas de Jesús. Sacudirse el polvo de los pies y marcharse de allí para no volver nunca más.

Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.(S.Mateo 10,14)

Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.(S. Marcos 6,11)

Ejemplos prácticos de esta acción, los tenemos en S. Lucas 10.11, y Hechos 13,51.

El mundo es grande, las necesidades muchas, las personas necesitadas de la amistad y la presencia de un cristiano son multitud, por lo tanto este es un mecanismo defensivo del cristiano y un derecho. Cuando no te acojan bien en un lugar, sigue adelante, te marchas y buscas otro, y así hasta el fin de tus días. El mal es mucho, pero la capacidad de hacer el bien que tienes es también mucha, no la desperdicies por el maltrato de personas cerradas, egoístas y envidiosas. Sacudir el polvo de los pies tiene que ver con una costumbre judía, es un símil que equivale a "ahora me marcho, y ya no me volveréis a ver, pero sabed que estuve entre vosotros y no aceptasteis mi palabra.
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