7 de diciembre de 2014

San Obicio, penitente

San Obicio, penitente



Nació en Niardo, pueblo cercano a Brescia, hacia el 1150; su padre, Gratiadeus, era gobernador, por lo que tuvo una infancia acomodada. Contrajo matrimonio, de lo que tuvo cuatro hijos, e ingresó en la milicia, por lo que participó en las habituales luchas de su tiempo. Es muy devoto de santa Margarita, a quien lleva representada en su escudo, pero la religión no ocupa ningún espacio relevante en su vida. Sin embargo, En una batalla en las inmediaciones del río Oglio estuvo a punto de perder la vida, cuando caballos y caballeros cayeron desde un puente que cedió ante el peso. Salvado por un desconocido, que lo llevó a la orilla, tuvo, mientras estaba semiconsciente, una visión donde se vio a sí mismo en el infierno.



Una vez restablecido, bastó esa visión para hacerle comprender la vanidad de la vida y la necesidad de hacer penitencia. Abandonó el ejército, pero tuvo inicialmente la oposición de su familia; sin embargo, con la oración y el ejemplo, su mujer e hijos comprendieron su conversión, y de opositores se transformaron en apoyos de su vocación. Dejó a su mujer y sus hijos los bienes, y se retiró, primero en peregrinación, y luego, en 1197, de siervo al convento bresciano de Santa Julia, como oblato benedictino.



Murió en 1204 (otros dicen 1206), asistido por su familia, y dos de sus hijos, Margarita y Maffeo, ingresan también como religiosos, siguiendo su ejemplo. Su fama de santidad y culto inmemorial fueron confirmado por el papa León XIII. Sus reliquias reposan en la parroquia de Niardo
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