19 de junio de 2014

FELIPE VI y la religión Católica.

Esta mañana, ha sido proclamado Rey de España Felipe VI, de acuerdo a nuestra Constitución, después de la abdicación del Rey Juan Carlos I. Ha sido una jornada intensa que ha puesto punto y final a unos días históricos. Como novedad con respecto a la proclamación de su padre en 1975, en esta ocasión no ha habido crucifijo, no se ha jurado sobre los Santos Evangelios y no ha habido ni una sóla mención a Dios en el discurso del nuevo Rey.

El padre del nuevo Rey Felipe VI, dijo en 1975:
“El Rey, que es y se siente profundamente católico, expresa su más respetuosa consideración para la Iglesia”, aunque “el respeto a la dignidad de la persona que supone el principio de libertad religiosa es un elemento esencial para la armoniosa convivencia de nuestra sociedad”. (*)
Sin embargo, el Rey Juan Carlos I dijo esto en el contexto de una España que se declaraba en sus leyes fundamentales como una Nación Católica.

Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947
Artículo 1.- España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo, que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino.

La liturgia de aquel día habría que enmarcarla dentro del contexto de aquella España que se declaraba Católica en esa o en la Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958.

Art. 2º La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación.

¿Es bueno que una Nación se declare Católica? Desde un punto de vista de un no creyente, o de otra religión, no es bueno, porque el otro se siente discriminado o forzado a aceptar una fe que no tiene. En cambio desde el punto de vista del católico, esto es lo mejor. Puesto que si un católico no puede vivir sin Dios, no se puede salvar sin Cristo, ¿cómo lo hará una Nación, en este caso España? Lo que no se puede es imponer a nadie la fe en Dios, ni la religión. En ese sentido, si se puede llegar a concluir que aunque la renuncia a ser un estado confesional es bastante malo para los intereses de los españoles, porque se corre el riesgo de perder la bendición y el favor de Dios tan necesario para la vida y la prosperidad de una Nación, es muy agradable para aquellos que se sienten incómodos con Dios. Es decir, los ateos y los miembros de otras religiones que se pudieran sentir agraviados por el Estado.

La Constitución de 1978, en su afán de integrar a todos los españoles en un proyecto común de concordia y convivencia en paz, prescindió de Dios. Es decir, desligó a Dios y a la Doctrina de la Iglesia Católica de sus leyes y España se convirtió en Estado aconfesional, para pasar a construir un sistema cuyos valores morales no descansan en la Ley de Dios, sino en leyes de hombres, de modo que lo bueno y lo justo ya no se considera en España que sea lo que es para los católicos, sino que en España se establece un sistema por el cual, la verdad y lo moralmente correcto se define por el que gobierna, sin tener en cuenta a Dios, sino al hombre. Es decir, una cosa en buena para todos los españoles, si la define una Ley que saca adelante una mayoría. Esto nos ha llevado a leyes tan injustas como la del aborto o los matrimonios homosexuales, por ejemplo.


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