6 de abril de 2014

¿Cuando se debe confesar?

En la hoja parroquial de una Parroquia de Nules en Castellon, que he recibido en mi correo http://www.sanbartolomeysanjaime.es/ dice lo siguiente:

Nadie, ni del primer banco ni del último,
estamos obligados a comulgar en ninguna Misa.
Pero siempre antes, debe preceder la confesión.

Pues bien, hay que tener cuidado con no inventar nuevas doctrinas en nuestra Iglesia, porque esto no se corresponde con la doctrina católica, que dice que confesar sólo hay que confesar obligatoriamente cuando se tenga uso de razón, y al menos una vez al año, o bien cuando se tenga conciencia de hallarse en pecado grave, antes de comulgar. No hay obligación alguna de confesar al sacerdote los pecados veniales, aunque se recomienda. Todo esto, lo pueden ver ampliado en el catecismo, en los puntos siguientes:

1457 Según el mandamiento de la Iglesia "todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez la año, fielmente sus pecados graves" (CIC can. 989; cf. DS 1683; 1708). "Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (cf DS 1647, 1661) a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes" (CIC can. 916; CCEO can. 711). Los niños deben acceder al sacramento de la Penitencia antes de recibir por primera vez la Sagrada Comunión (CIC can. 914).
1458 Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (cf Concilio de Trento: DS 1680; CIC 988, §2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (cf Lc 6,36):
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