6 de abril de 2014

CONVERTIRSE EN CUARESMA

Del boletín electrónico de www.primeroscristianos.com, recibido  el pasado 19 de Marzo, he leído un interesante artículo sobre la conversión en Cuaresma.

Rasgarse el corazón, compartir el sufrimiento con los que padecen, es una de las recomendaciones para la Cuaresma en la que todavía estamos.
No podemos desentendernos de sus problemas, como si no pasara nada, ni cerrar nuestro corazón. Deben notar que estamos con ellos.

Y al leerlo me percato de que cuando esa es una actitud que se tiene a lo largo del año, en Cuaresma cuesta menos, porque se hace como algo natural, algo que forma parte de uno mismo.

En esta Cuaresma tengo el consuelo de haber sido sensible al dolor de unos primos y de una tía mía a la que después de no verla durante años, decidí visitar en el hospital. Fue providencial, porque al poco tiempo falleció. He rezado por ellos. A mi tía le llevé una estampa de Jesús "el rico" que obtuve el día del Via Crucis, y le dije que rezara y pidiera. Yo hice mi parte.

También con otro familiar cercano, quise interesarme por su salud y sus problemas. La escuché y le quise manifestar mi ánimo y mi cercanía. También le hablé de la conveniencia de hacer las cosas en orden con Dios.

Esta Cuaresma he sufrido también un acontecimiento histórico en mi vida. He renunciado a algo que humanamente me podía dar prestigio, una posición arraigada y en la que podría haber continuado, y lo he cambiado por ser fiel a la verdad, a la salud, a la familia, etc. He sabido renunciar, como hizo Benedicto XVI, y no me he agarrado.

He sufrido alguna que otra ofensa fuerte, y he respondido con abrazos y palabras de amistad.

Estas son cosas que recuerdo más vivamente. Luego estará lo que Dios haya visto en mi, y por supuesto en lo que yo no estuve totalmente a la altura.


Este es un fragmento del texto que he leído que me ha gustado mucho. Habla de la Limosna, es decir de la Generosidad: este es un primer buen propósito para la Cuaresma.

También hay otro tipo de «limosna», que no lo parece, porque es muy discreta, pero es muy necesaria. En su mensaje para la Cuaresma de este año, Benedicto XVI nos hace notar que «hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos».
 
Ese modo eficaz de «limosna» al que se refiere el Papa es la corrección fraterna: ayudarnos unos a otros a descubrir lo que no va bien en nuestras vidas, o lo que puede ir mejor. Algo que tal vez no hacemos mucho hasta ahora, pero que es bien necesario y útil. «Pienso aquí –dice el Papa– en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien».

Aunque debamos superar la impresión de que nos estamos metiendo en la vida de los demás, no podemos olvidar que, sigo citando a Benedicto XVI, «es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cfr. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros».


 
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