6 de diciembre de 2013

LA POBREZA EVANGÉLICA

Tomado de www.apormalaga.blogspot.es

SERMÓN DEL MONTE. Pobres
El profundo secreto de la POBREZA evangélica es que tiene que salir de dentro. Tiene que proceder de crear un estado interior de “pobreza”…, hacer un acto de elección libre –desde la voluntad, que es la que acaba tomando las decisiones- en la que la mirada a Jesús y la gracia del Espíritu converjan en una opción personal. La invitación de Jesús está ya hecha, y nos asegura –además. Que así se tendrá la dicha feliz que lleva dentro la libertad del espíritu. Un momento es que uno ha llegado asentir internamente que “para mí el dinero no es un  valor”…, o “para mí, yo no soy ni el más importante, ni el infalible, ni el indispensable…” Cuando es una certeza total que “no quiero acumular riquezas”…, no quiero ocupar el centro, no quiero estar en candelero, no me considero el portavoz de la verdad.  Cuando en la humildad –que es la verdad monda y lironda de mi vida- soy simplemente el que soy, y no tengo más añadidos. Entones es cuando seré feliz, cuando mi elección me haya llevado a la realidad de que sólo en Dios pongo mi confianza y apoyo: Él es mi Rey.
El pobre de que habla Jesus es uno que ha experimentado dentro de sí que sólo mediante esta opción es como se distancia de la injusticia del mundo…, y hasta la elimina en sí mismo (ni una gaseosa con los ricachones que se envuelven en sus corazas de capa de cebolla para aparentar…, para aparecer…). Su opción de POBREZA es clara muestra de que no quiere ser cómplice de la injusticia delmundo…, el mundo anti-evangelio. Opción contra el consumismo, contra el gasto innecesario, contra la irresponsabilidad que pretende que “otros resuelvan”, contra la falsa tranquilidad de salvar mi conciencia alimentando las mafias que explotan a los pobres desgraciados y miserables. El verdadero POBRE evangélico, es el que COMPARTE y siempre dispuesto a dejar su puesto al otro. Porque él tiene lo más que puede tener y desear: DIOS ES SU REY.
“Es”…  Ya lo es. No sólo será un día cuando sea la resurrección final. TIENEN ya un Rey. Y eso es el magma en que se desenvuelve su vida. Ese POBRE ya está viviendo el reinado de Dios. Ocurra lo que ocurra y sean las cosas como sean, él está ya en ese otro reino de justicia, amor, servicio…
Más aún: de pronto el POBRE se siente tan hijo, tan envuelto en ese manto real, que el alma se le abre en su mirada a ese su Rey, y llega a experimentarlo PADRE. Servir a Dios es reinar, y reinar con Dios es estar en su regazo paternal, que me protege, me lleva, me orienta… Y por ello experimenta el gran gozo bienaventurado de la confianza absoluta que le lleva al abandono…, a sólo descansar en la seguridad que le da Dios. Y ya vive libre como un pájaro, vive la alegría que experimentan esos que se lanzan a los espacios sin más ayuda que unas alas o artilugio con el que vuelan y vuelan y vuelan sin que nada les impida el gozo indescriptible de su libertad… Se sienten reyes del universo.

Fácil es sacar en claro por qué la mayoría no experimentamos aún esa bienaventuranza del pobre… Sencillamente porque “jugamos a pobres” pero nos mantenemos con el otro brazo muy agarrados a otra “seguridad”. Pobres, sí…, pero no sueltos de manos.  Entones no tenemos ni lo uno ni lo otro. Jugamos a pobres, pero aún no hemos entrado en esa POBREZA QUE SALE DEL ESPÍRITU…, que sale del alma…, que se vive en lo más sincero del corazón.  Para llegar hay que empezar a desprenderse de mucho…, y del propio YO…, y eso suena ya a palabras mayores…
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