25 de octubre de 2013

Blas Piñar (1980): El estado federal, las autonomías y el PSOE

Intervención del señor Blas Piñar, diputado por Unión Nacional, en la sesión del congreso de los diputados celebrada el 29-5-1980 en el debate y votación de la moción de censura al Gobierno presentada por los Grupos Parlamentarios Socialista del Congreso, Socialistas de Cataluña y Socialista Vasco 



En su intervención denuncia entre otras cosas el intento de configurar España como un Estado federal por parte del PARTIDO SOCIALISTA. Denuncia su in-constitucionalidad al  atentar contra la unidad de España. También advierte de que el estado de la autonomías destruye la unidad de España. (Ver nota al final)


Habló el señor Felipe González del Estatu-
to de las Autonomías, del Estado de las Auto- 
nomías. Y me parecía recordar exactamente, 
salvo pequeños matices, y las diferencias de 
dicción propias de gentes que pertenecen a 
distintas nacionalidades (Risas), el mismo dis- 
curso: construir un Estado de Autonomías 
que se aproxima, o se configura, o va a con- 
figurarse como un Estado federal. Ahora bien, 
el Estado de las Autonomías que se aproxima 
en su configuración a un Estado federal me 
recuerda aquello del discurso -creo- del 
señor Suárez de un federalismo cooperativo 
que yo, incluso, me atrevería a añadir que 
autogestionario, para ponerme al día de la 
terminología política moderna y trascendente. 
(Risas.) 
En segundo lugar, este proyecto de gobier- 
no del Secretario General del Partido Socia- 
lista insiste en un programa que viola la Cons- 
titución, ,porque la Constitución no conten- 
pla un Estado federal, sino que contempla un 
Estado unitario aun cuando sea un Estado de 
autonomías. 

Y, en tercer lugar, porque -como ya he 
tenido oportunidad de repetir en esta tribma 
en varias ocasiones-, al menos para mí, ese 
Estado federal de Autonomías o Estado de 
Autonomías que se configura como un Esta- 
do federal destruye ,la unidad del Estado y 
destruye automáticamcnte la unidad de la 
nación. 

Sin duda por esta razón el señor González 
-que es ágil e inteligente, que maneja per- 
fectamente el idioma- insistía en la palabra 
comunidades Autónomas, presumiendo precisamente 
te que el Estado de las Autonomías lleva con- 
sigo la insolidaridad de las Comunidades Au- 
tónomas. Piénsese, por ejemplo, en la posibi- 
lidad de que una Comunidad Autónoma estu- 
viese gobernada por el Partido Comunista y 
otra Comunidad Autónoma, por ejemplo, por 
hombres y mujeres de Fuerza Nueva. (Risas.) 
El señor Ortega y Gasset, que se había plan- 
teado el tema de las Autonomías en un dis- 
curso famoso, creo recordar del 4 de saptiem- 
bre de 1931, preveía de algún modo este Es- 
tado de las Autonomías y, enfrentándose con 
el problema que la República tenía plantea- 
do, él, no yo, decía que la República doloro- 
samente tenía que pactar con carácter excep- 
cional con algunas regiones que él, no yo,
llamaba indóciles. Para él el planteamiento 
tenía que ser distinto: que toda España debía 
ser una España autonómica; pero como Or- 
tega era también muy inteligente y un gran 
filósofo, presumía que ese régimen de auto- 
nomías generalizado conllevaba la insolidari- 
dad entre las regiones autónomas. Por eso, 
creía vislumbrar la existencia de un poder que 
llamaba único, integral, estatal y ‘nacional 
que dirimiese las querellas y los enfrentamien- 
tos entre esas Comunidades Autónomas. 

En una cosa tenía razón el señor Gonzá- 
lez y es que la autonomía debe empezar por 
las entidades menores; las entidades menores 
son las Corporaciones locales y, especialmen- 
te, los Ayuntamientos. Hubiéramos empezado 
por reforzar, por fortalecer la autonomía de 
las Comunidades municipales y habríamos 
fortalecido las unidades menores, las células 
básicas de nuestra vida política y admimistra- 
tiva, reforzando así la autoridad del Estado y 
la unidad de la Nación. Pero no se ponga el 
ejemplo de la mayor autonomía de que disfru- 
tan los Ayuntamientos en todos los paises de 
Europa, porque esa afirmación, por ser gene- 
ralizada, no es correcta. Ahí está el ejemplo 
del Ayuntamiento de Roma, cuya quiebra ab- 
soluta tuvo que ser sufragada con cargo a los 
Presupuestos del Estado italiano.


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NOTA FINAL actualizada en Octubre 2013

Este discurso de 1980 demuestra que el PSOE ya desde el inicio de la democracia quería una España federal, y que la propuesta que hace el PSOE de nuestros días como solución a los problemas de España, motivados por los nacionalismos catalan y vasco de reformar la constitución para convertir España en Estado federal, no es una ocurrencia, sino que está en los genes de aquellos que se equivocan y viven en el error. Que los nacionalismos que se han dedicado a poner en riesgo la unidad de España durante tantos años, y la izquierda formada por comunistas y socialistas tienen proyectos políticos que se retroalimentan en perjuicio siempre de España y la unidad de todos los pueblos de España, sus regiones, sus costumbres y sus tradiciones.

Y que la mayoría de representantes políticos de aquella época se equivocaron al considerar viable el estado autonómico que es insolidario, porque crea divisiones y desigualdades entre españoles y destruye la unidad de España, que contradictoriamente defiende la misma constitución.
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