3 de agosto de 2013

¿Quien soy yo para hablar de estas cosas y decir lo que digo?

Mt 13,54-58: ¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?
En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada:

-¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él.

Jesús les dijo:

-Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta.

Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.
COMENTARIO:

Es necesario tener una relación personal con Cristo para poder ser salvado por El. La religión no es una serie de ritos a los que uno acude y ya vale. El verdadero cristiano es quien se esfuerza en querer seguir a Cristo. Ese es el que sigue a Cristo realmente. Lo otro son sólo apariencias, y las apariencias no valen para nada.

El Evangelio proclamado ayer en la Misa en todo el planeta tierra me da las claves a dos cosas. Si a Jesús no le creyeron en su propia ciudad, es decir en su ambiente, entre sus conocidos y familiares, a mi tampoco me van a creer. El motivo por el cual no creen en Jesús es porque no pueden comprender que alguien de quien se tiene hecho ya un prejuicio (juicio previo), pueda tener razón. A Jesús, como a mi, y a otros cristianos, algunos nos tratan como al "loco de la familia". No es que piensen necesariamente que estás loco, simplemente piensas que eres diferente, pero no diferente, sino realmente raro, extraño. El cristiano hoy está mal visto. Y lo mejor que piensan de ti, es que si quieres seguir a Jesús, síguelo tu, pero a mi no me molestes con tus cosas. Eso explicaría la popularidad que tengo entre mis más allegados, la cual es nula, al menos aparentemente. Uso como argumento para llegar a esa conclusión, los silencios permanentes, y algún que otro "revolverse" contra mis palabras como cristiano. Si defendiera lo contrario, seguro que sería mucho más popular y tendría muchas simpatías, y amigos "falsos". Realmente debe ser un motivo de alegría, sentirse despreciado e ignorado, igual que lo fue Jesús en su propia tierra, entre los suyos, los que le habían visto crecer.

¿No soy yo acaso ese que hizo tal o cual cosa, que no consiguió llegar a..., que no tiene..., que le falta..., de donde saca ese todo esto que dice?

Y lo triste es que esta falta de fe lleva a la imposibilidad de ver más milagros de Dios. Eso es lo que dice Jesús:


Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

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