14 de junio de 2013

LA CONFESIÓN EN MI VIDA (2ª parte)

CATECISMOS ESCOLARES DE CUANDO YO
ESTUDIABA EN E.G.B., del 1º al 4º curso

Cómo dije en la entrada anterior, yo estudié religión en el colegio. Además de eso, hice las catequesis para prepararme para la Primera Comunión. Sin embargo, mi memoria de aquellos días con respecto a que pensaba o sentía acerca del sacramento de la confesión, son escasos, y se limita a un par de imágenes como si fueran fotografías estáticas en mi memoria. ¿Entonces, que pasó?

Sólo Dios lo sabe realmente, pero yo sólo puedo tratar de adivinar que confesarte pecador y contar que has hecho esto o aquello mal, no es fácil, y como la Iglesia no te obliga nunca a hacer nada que no quieras hacer, entonces lo fácil es creer a mi manera, o hacer las cosas según lo que a mi me parezca mejor. Lo que si tiene que hacer la Iglesia es poner los medios para que yo comprenda y vea necesario el confesarme con un sacerdote. Y lo que la Iglesia en la que yo crecí, hizo o no hizo respecto a eso, Dios lo sabrá.

En segundo lugar diría que parte de la culpa la tiene la rebeldía de usar mal mi libertad. Es decir, llegar a convencerse uno, que como hay muchas personas que no se confiesan nunca, pues les imito a ellos, en vez de hacer caso a los que saben del tema. En este caso, la Iglesia, y en primer lugar, la familia, que tiene la misión de educar a los hijos según la fe que han recibido en el Bautizo, que recuerdo, no es un acto social, sino un Sacramento, en el que los padres adquirieron un compromiso.

Libro de religión usado por mi en 8º de E.G.B.
Es penoso ver como muchos padres de hoy con hijos pequeños, han hecho ese compromiso un día, pero no lo cumplen después. Ni cumplen con ellos, ni con sus hijos. Han dado la espalda a Dios, para creer a su manera, prescindiendo de aquella madre que les dio de beber la leche materna, que es la Iglesia, y en muchos casos incluso rechazándola y renegando de ella. 

Conforme fui creciendo, me hice adolescente, y esta etapa es difícil, pero la conciencia de ofender a Dios queda como dormida, si es que la tuve despierta antes, cosa que tampoco se. Sin embargo, hay algo dentro de nosotros, que se llama conciencia, y que cuando uno hace algo mal, suele avisar, aunque no sepa uno muy bien como manejar las sensaciones que te produce en tu interior.

También creo que el Espíritu Santo que es Dios, que recibí en el Bautismo está ahí y me asistía sin yo darme cuenta.



Enseña el catecismo de la Iglesia Católica:
(CIC 1778) La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto. Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina

Entonces si la conciencia es algo que tenemos todos, es por ella, que yo fui con el paso del tiempo viendo que ciertas cosas de mi vida no estaban bien enfocadas.

El pecado es una realidad que está ahí, y que aunque una persona se niegue a reconocerla y a reconocerse pecador, está ahí. Uno puede engañarse a sí mismo, pero no podrás engañar a Dios, y por tanto tampoco a tu conciencia.

Al respecto de la formación de la conciencia dice el Catecismo:

CIC 1783 Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas.
Es decir, que para hacer lo bueno y lo recto hay que educar a la conciencia.

El cambio que se iba a producir en mi, tiene que ver con lo que dice el Catecismo:
CIC 1785 En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar; es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica. 


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