8 de junio de 2013

EVANGELIO DE LA OVEJA PERDIDA (2ª PARTE)


En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos y letrados esta parábola: -Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: -¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. (Lc 15, 3-7)
¿A quién se dirige también esta enseñanza?

A los que critican y juzgan a los pecadores. A los que tratan a los demás con desprecio, mirándolos por encima del hombro, como si ellos no necesitaran de conversión. Dentro de la Iglesia, representa a toda aquella persona que rechaza al prójimo, siendo a veces el prójimo, alguien que necesita de ayuda, cariño, acogida, comprensión. El que rechaza al hermano, porque piensa que no es de su clase o condición. El que no está dispuesto a ayudar al otro, porque le juzga como malo y el se juzga especialmente como bueno (fariseo, escriba).

También está dirigido a todo aquel que es indiferente ante el sufrimiento del otro, al que piensa que eso de evangelizar "no va conmigo". Al que no entiende que Iglesia somos todos. Al que le da igual el destino eterno de alma del otro.

Jesús no se sentaba a comer con pecadores públicos por nada. Lo hacía, para tener la oportunidad de hablarles. Por medio de la Palabra de Dios es como las personas pueden llegar a cambiar su corazón. Por eso se acerca Jesús a los que "los puritanos religiosos" consideran impuros y como que no tienen derecho a tratar con Dios.

También vemos en este Evangelio, la actitud del creyente que cree en Jesús de verdad y en la verdad. Este cristiano se preocupa del hermano que tiene algún pecado que lo mantiene descarriado. Lo deja todo y no descansa hasta que no lleva al hermano al redil. Y cuando este es encontrado y vuelve al redil, se alegra muchísimo. En el camino de vuelta es capaz incluso de cargarse encima al hermano con  lo que eso significa.

Su alegría es la salvación del otro, y en el cielo se alegran más por ese hecho que por que hubiera ya un montón de almas que no necesitaran ser rescatadas de las garras de Satanás.

Ir en busca del hermano supone un desgaste, te tienes que mover, tienes que batallar, te vas a cansar irremediablemente, se va a sufrir. Pero luego cuando lo encuentres, la felicidad superará todo lo que hayas sentido antes de incómodo o sufrimiento.
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