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22 de mayo de 2013

Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso (SAN PABLO A LOS CORINTIOS)

Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de Dios,pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado.
(1 Corintios 2, 1-2)

Con la ayuda del Espíritu Santo prometido, capaz de enseñarme todas las cosas según la voluntad de Dios, (Jn 14,26), en la oración en el nombre de la Santísima Trinidad, veo que Pablo no fue a los cristianos de Corinto tocando por delante una trompeta anunciadora, ni que fue anunciado previamente como un gran sabio ni conocedor de nada excepto de una cosa. Y que no fue presentado a los Corintios como alguien de apariencia muy erudita ni llena de conocimientos teóricos, ni como un experto en ninguna materia, ni como licenciado o diplomado en nada. No fue presentado a los Corintios como si fuera un hombre de prestigio o de fama, o como alguien que venía a desvelar grandes misterios explicados en palabras, en grandes discursos, en largas exposiciones de maestros. Los griegos de entonces, como otros de hoy, gustan de grandes demostraciones y valoran mucho lo externo, lo que rodea al mensajero, su curriculum ya de por si, es para muchos motivo más que suficiente como para dar validez a un testimonio, incluso antes de ser dado ese testimonio. Pero Pablo no quiso ir a presentarse así a los de Corinto, sino que sólo le interesa saber una cosa. De Jesucristo, y añade: "Crucificado". Es decir, lo más simple, lo más básico, lo menos atractivo, pero para Pablo, lo más importante a la hora de presentarse ante los demás.

Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso. Y mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una demostración del Espíritu y del poder para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.

(1 Corintios 2, 3-5)

Y dicho esto, Pablo les da algunos rasgos más de la actitud y la personalidad de este gran apóstol, que no va a los otros como si fuera un ser superior. No va fuerte, lleno de arrojo, y hasta tiene un poco de miedo. Si esperaban de el, que fueran conquistados sus corazones por un hombre que les gana por la capacidad de hablar ante un público numeroso, y que expone ante ellos una serie de grandes conocimientos teóricos que dejare a todos con la boca abierta, o tal vez un hombre que al haber sido presentado antes como un gran maestro con un historial de grandes méritos a sus espaldas, se presenta como alguien que sólo tiene en mente una idea, y es ganarse a la gente demostrando que es cristiano, que ha sido conquistado por Cristo, y que es Cristo el que vive en El, y que si algo hace o dice es porque Cristo está con el, demostrando así a los demás el Espíritu y el poder de Dios. Porque si la fe de uno se pone en un gran sabio o erudito en tal o cual materia, pero luego ese sabio o erudito no demuestra a Cristo con su propia vida, en sus actos de cada día, en su forma de comportarse con los demás, y en la caridad, entonces su sabiduría, aunque la tenga, no sirve para nada. A Dios tampoco le sirve una persona así, para construir su Reino. 

Pablo lo sabía, y no se presentó, ni admitió que nadie lo presentara como experto religioso cargado de experiencia y poniendo por delante su historial, sino que ni el mismo iba totalmente seguro de si mismo, y con el objetivo de mostrar sólo a JESUCRISTO CRUCIFICADO y lo que esto significa.
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