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24 de febrero de 2013

II DOMINGO DE CUARESMA: EXPERIENCIA DE CONVERSIÓN

NUESTRO PADRE JESÚS CAUTIVO de MÁLAGA

La fe en Jesucristo nos alcanza la justicia de Dios. Es por eso, que para convertirse es preciso creer en Cristo. Tenemos que creer en su Palabra, en medio de un mundo que dice "NO" al plan de Dios para el hombre. Que dice "NO" a la propuesta de salvación de un Dios que tanto nos amó, que tanto nos ama, que nos ha entregado a Jesús, el Hijo de Dios, el cual ha muerto en la cruz, después de ser despreciado por su propio pueblo. Pero la buena noticia es que RESUCITÓ y se manifestó vivo a numerosos testigos, que dieron fe. Nosotros, la Iglesia Católica de Jesucristo, seguimos dando testimonio hoy, cogiendo el testigo pasado desde la primera generación de cristianos.

¿Y porqué hay que convertirse?

Pues mira, tenemos que convertirnos, lo primero porque Dios nos lo pide por medio de Jesucristo. Dios sabe perfectamente lo que le conviene al hombre, y Dios ha querido salvarnos de la muerte, porque El no nos creó para la muerte, sino para la vida. Nos ha querido hacer partícipes de su propia vida. Pero también nos ha dado voluntad para aceptar o rechazar la propuesta. Porque la fe no se impone, y el primero que nos da ejemplo de esto, es el mismo Dios. El es todopoderoso, y podría hacer cualquier cosa, sin embargo, ha querido respetar la libertad de cada uno.

Si quieres vivir, debes convertirte. Cuando hablo de vida, no sólo me refiero a la vida eterna, a la que por la fe y el Bautismo, se accede, sino que hablo de VIDA aquí en esta tierra. Porque muchos son los seres humanos que parece que están vivos, porque trabajan, se mueven, hablan y hacen cosas, pero realmente están muertos, aunque ellos no lo saben. ¿Y como es posible estar muerto, cuando te late el corazón dentro del pecho?. Por causa del pecado, TODOS estamos muertos, y sólo existe un remedio eficaz para vencer ese mal que está extendido por todo el mundo.

EN EL BAUTISMO SE INICIA NUESTRA CONVERSIÓN A DIOS.
ES EL PRIMER PASO. Por eso hoy es tan triste saber que hay muchos
padres que ya no bautizan a sus hijos, o no les llevan a catequesis para
hacer su primera comunión. Han sido engañados por Satanás, por que eso
es precisamente lo que Satanás quiere. Poner en peligro a las almas,
para tratar de arrebatarlas de la salvación que Dios les ofrece.
Este es mi testimonio:

Yo estaba muerto. Pero Dios tuvo misericordia de mi, y me mostró cuanto nos ama. Me enseñó el camino para salvarme, y le creí. Y esto es experiencia de cada uno que lo vive. Cada uno podrá contar la suya. Yo se perfectamente quien era y como era antes de iniciar el proceso de mi conversión. La conversión dura toda la vida terrena, pero como todo, tiene un principio y un final. El principio, yo lo viví, y por eso puedo dar fe de lo que se siente y de lo que se experimenta. Un morir al pecado, y nacer a una nueva vida. ¿Y eso quien lo hace? Eso lo obra en nosotros, el Espíritu Santo, por puro regalo de Dios. El dentro de nosotros, es el que va haciendo la obra de santificarnos, es decir, de lavarnos de nuestros pecados. Está muy claro para mi. Cuando no conocía a Dios, no sabía lo que hacía. Hacía las cosas a veces mal. Pecaba. Pero no me daba cuenta que pecaba, o tal vez si, pero no pensaba en las consecuencias del pecado, que son la muerte. Por eso al mundo le va tan mal. Porque está lleno de pecado, y algunos monstruosos, y por eso el mundo sufre y le va todo mal. Porque no ama a Dios. No le cree, y no se convierte. ¿y tu? ¿Le crees tu? ¿Estás dispuesta o dispuesto a dar el paso y pasar de la muerte que propone el mundo, a la vida que te propone Dios?

La respuesta está en ti. Dios te da libertad. Pone delante de ti los dos caminos. El de la muerte y el de la vida, y respeta tu elección final. El infierno existe, y no lo quiere Dios. El pecado existe, pero Dios te previene contra el, que si pecas y no te arrepientes, lamentablemente perecerás.

Doy gracias a mi Dios, de que ha tenido misericordia de mi, y me ha dado la salvación por medio de Jesucristo, a condición sólo que me mantenga firme en la fe en Jesucristo.


1987 La gracia del Espíritu Santo tiene el poder de santificarnos, es decir, de lavarnos de nuestros pecados y comunicarnos “la justicia de Dios por la fe en Jesucristo” (Rm 3, 22) y por el Bautismo (cf Rm 6, 3-4):

«Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Rm 6, 8-11).

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c3a2_sp.html 
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