18 de agosto de 2012

Toma de Málaga

Se conoce como la toma de Málaga a el asedio llevado a cabo en 1487 mediante el cual los Reyes Católicos conquistaron la ciudad de Málaga a los musulmanes en el marco de la Guerra de Granada. El asedio fue un largo evento de unos cuatro meses de duración y supuso un episodio sangriento en la guerra final por la conquista del Reino nazarí de Granada.
La plaza de Málaga estaba muy bien defendida. La ciudad estaba rodeada por una muralla defensiva y por arrabales igualemente amurallados y la alcazaba estaba comunicada con el castillo de Gibralfaro mediante una coracha doblemente amurallada.
El rey Fernando el Católico salió de Córdoba con un ejército de 20.000 jinetes, 50.000 peones y 8.000 soldados de apoyo. A este contingente se unió la artillería mandada por Francisco Ramírez de Madrid que salió de Écija. El ejército tomó la decisión de atacar primero Vélez-Málaga para posteriormente avanzar sobre Málaga. Los espías de los nazaríes transmitieron los movimientos de los cristianos, sin embargo, tanto Málaga como Vélez-Málaga se encontraban sin su eeñor, el Zagal, que debido a los eventos que se desarrollaban en Granada se encontraba en la capital del reino. Los habitantes de Vélez escaparon a las montañas y al castillo de Bentomiz.
Después de un largo asedio cortando las entradas de agua y víveres a la ciudad, desde el 5 de mayo al 18 de agosto, el poderoso ejército castellano logró tomar la ciudad defendida por 15.000 gomeres africanos y guerreros malagueños. El asedio de la ciudad fue uno de los más largos de la Reconquista, duró varios meses y cortó el suministro de alimentos, rindiéndose el 13 de agosto de 1487 y entrando los reyes triunfalmente el 19 de agosto. La población fue castigada a la esclavitud o a pena de muerte, con excepción de veinticinco familias que pudieron permanecer en Málaga, como mudéjares, en el recinto de la morería. La conquista de Málaga supuso un durísimo y definitivo golpe para el reino nazarí de Granada que perdía así su principal puerta marítima.
El rey Fernando II de Aragón decidió aplicar un castigo excepcional y se negó a conceder una capitulación honrosa para los vencidos. Excepto el grupo del mercader Alí Dordux, que rindió la ciudad a espaldas del arraez Hamad al Tagrí o El Zegrí, que resistiría en el castillo de Gibralfaro unos días más. Los 15.000 supervivientes fueron convertidos en esclavos.
En pago a las tropas que acompañaban a los conquistadores se produjeron los repartimientos. Entre 5.000 y 6.000 cristianos extremeños, leoneses, castellanos, gallegos y levantinos repoblaron la provincia, de los que unos mil se asentaron en la capital. En un primer momento se levantaron cuatro parroquias en la ciudad: las iglesias del Sagrario -dedicada a San Pedro, fundada en 1488 y reconstruida en el siglo XVIII-, San Juan, Santiago y Santos Mártires. La ciudad se extendió extramuros con la creación de los conventos de La Trinidad, Capuchinos, Los Ángeles y el Santuario de la Victoria.
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