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29 de junio de 2012

LA MUERTE NO ES EL FINAL

El ser humano debe tener ilusiones y hacer proyectos de futuro, aún cuando el futuro es incierto. Los cristianos, mejor que nadie, sabemos que el futuro final no está en nuestras manos. Me refiero, a que al final todos nos vamos a morir un día u otro. El ser humano se enfrenta en su vida con algo que no puede controlar. Algo que sabe que por mucho que se esfuerce, al final perderá la batalla. Se trata de la muerte. Esta tiene en esta vida humana, una importancia capital. Vivimos rodeados de muerte, al igual que vivimos rodeados de vida. El hombre tiende a ocultar la muerte, a no pensar en ella, como si fuera algo que no va con el, pero la realidad está ahí. La muerte llegará, y asusta a muchos, sin embargo para el cristiano, la muerte no es el final, y es necesaria, puesto que para resucitar hay primero que morir. Yo tengo esa esperanza. No es que quiera tener la esperanza y que sea bonito pensar en que la muerte no es el final y uno se agarra a eso para poder vivir mejor en este mundo, sino que lo creo porque creo en Dios y en Cristo, el que murió y resucitó para dar la vida eterna a quien creyera en El. Yo veo la muerte como el principio, no como el final. Mi anhelo de encontrarme con Dios y verle cara a cara. Mi deseo de vida en plenitud, de VIDA con mayúsculas. Yo creo, no porque eso me hace más feliz o porque en algo hay que creer, sino porque estoy CONVENCIDO de que es verdad y de que es así. No tengo ninguna duda. Y aunque la fe es fe, tampoco es fe sin razón, sino que es fe con la razón en pleno uso. Me sorprende como hay científicos creyentes (muchos), y científicos ateos, de los que hacen más caso a Satanás que les dice: "No hay Dios", o "Tu puedes ser como Dios y no necesitas a Dios". Respeto a los que no creen en Dios, pero pienso que son muy pobres en el peor sentido de la palabra. Pobres, porque no tienen esperanza más allá de esta vida humana incierta, que puede acabar mañana. Eso es para mi muy triste. Compadezco a quien vive así. Sobre todo lo siento por los más jóvenes que hoy crecen amparados por una cultura anticristiana, atea, que no les hará más felices.
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