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5 de mayo de 2012

¿DEVOCIÓN O ESPIRITUALIDAD?


El término "devoción" ha tenido varios significados a lo largo de los siglos. De la raíz latina voveo, devoveo, expresa en la latinidad clásica la actitud de consagración, oblación, sacrificio, con la que se ofrece un homenaje a la divinidad para hacerla propicia, En la literatura cristiana antigua el término puede compararse con otros vocablos que recuerdan el servicio y el culto divino. En el uso litúrgico primitivo la devoción indica una parte o un acto de culto, o bien -en las composiciones eucológicas romanas- una actitud particular de oblación, de respeto, de atención que acompaña al culto divino. Este significado sigue en pie todavía en las composiciones litúrgicas que han heredado el lenguaje de la edad de oro del rito romano. En un sentido más preciso significa una consagración particular de la persona al culto divino o a la vida monástica, o bien, con un significado más global, las disposiciones permanentes de servicio hecho a Dios, de entrega convencida y generosa al cumplimiento de su voluntad, hasta la sumisión fervorosa y total a la ley de Dios, a imitación de la devoción de los esclavos y de los soldados a su dueño o al emperador. Estos significados se encuentran en los autores cristianos primitivos, desde Lactancio hasta Ambrosio y Agustín.
La Edad Media desarrolla el sentido global de la devoción, indicando en ella el conjunto de todos los ejercicios virtuosos, el fervor de la caridad, el afecto que nace de la meditación de los misterios de Dios; tiene especialmente como objeto los misterios de la humanidad de Cristo, a la que se dirige cada vez con mayor agrado la piedad cisterciense y franciscana de la Edad Media, no privada de aspectos sensibles de compasión, lágrimas, entusiasmos y otras experiencias que inducen a hablar más tarde de una devoción sensible. Finalmente, es sinónimo de espiritualidad o de vida espiritual en su conjunto; este significado es el que se encuentra en la expresión de la nueva espiritualidad que aparece al final de la Edad Media y que toma el nombre de devotio moderna. Entre tanto se fue desarrollando un sentido muy concreto y nuevo, o sea, el de una actitud particular de atención y veneración hacia cada uno de los misterios del Señor, de la Virgen y de los santos, con las prácticas respectivas de la piedad popular.
Se trata entonces de las "devociones" y de sus expresiones cultuales. En torno al concepto de devoción, santo Tomás de Aquino desarrolló una teología muy rica y concreta (S. Th. 11-11, q. 82). Trata de forma exhaustiva este tema en el ámbito de la virtud de la religión y la presenta como un acto especial de la voluntad (a. 1) y una acción específica de la virtud de la religión, mediante la cual el hombre se entrega a Dios para dedicarse a algunas obras del culto divino (a. 2). El doctor angélico distingue dos causas de la devoción: una principal, que es la acción de Dios; la otra secundaria, que puede ser, por parte del hombre, el esfuerzo de entrega a Dios. En este contexto ofrece una definición de la devoción con estas palabras; "Es un acto de la voluntad que tiene como objetivo que la persona se entregue con prontitud al servicio de Dios" (a. 3). La devoción supone la consideración de la bondad de Dios y de sus beneficios y la conciencia de la pobreza del hombre. En efecto, son los bienes de Dios y la manifestación de su amor, como la consideración de la santa humanidad de Cristo, los que suscitan el amor y la devoción. Desde un punto de vista más psicológico, santo Tomás insiste en la alegría espiritual sensible como uno de los efectos de la devoción, con un gozo que se mezcla a veces con las lágrimas y la compunción, sin engendrar tristeza espiritual (a. 4). En la síntesis de santo Tomás tenemos, por tanto, la descripción esencial de la devoción como un movimiento de la gracia que facilita el don de sí, la entrega a las obras del culto divino y particularmente a algunos ejercicios piadosos, con la mirada vuelta de manera especial a la consideración de los misterios y de los beneficios divinos.
En el ámbito de la teología espiritual y de la moral, el acento pedagógico se pone en la devoción obligada, en la atención, en la entrega interior con que hay que cumplir todos los actos que pertenecen al culto divino, tanto público como privado, como lo pedía va la antigua eucología litúrgica. Pero la devoción sensible no es un sentimiento espontáneo, seguro y duradero. Una cierta devoción sensible puede ser el don pasajero con que Dios gratifica a las personas que emprenden la vida espiritual al comienzo de su conversión, para favorecer sus primeros pasos; pero la devoción sensible puede desaparecer y dejar sitio a la aridez.
Esta situación, la falta de devoción y de consolación, no debe interpretarse -como querían los mesalianos- como una señal de que el Espíritu haya abandonado al alma; al contrario, puede ser signo de un crecimiento en la vida espiritual, de una prueba que exige una respuesta más generosa y decidida, menos interesada y egoísta. De todas formas, entre la devoción sensible y la aridez que se insinúa en el ejercicio de la vida espiritual, está el justo medio de la devoción, en el sentido de entrega convencida y pronta, con la que hay que servir siempre al Señor.
En otro sentido, devoción puede  significar tanto el sentimiento religioso hacia las personas divinas como hacia el misterio de Cristo, hacia la Virgen María en sus misterios o en sus diversas advocaciones, hacia los santos, las personas o los lugares sagrados. Esta actitud se concreta en actos devocionales que pueden insertarse en el ámbito de la liturgia o, más en general, se realizan mediante actos de la piedad popular y de los ejercicios piadosos.
Para las devociones valen las mismas  orientaciones que la Iglesia ofrece para los ejercicios piadosos: tienen que tender al centro del misterio de la salvación celebrado en la liturgia y deben derivarse de él (5C 13).
 J Castellano

 Bibl.: C. Castro Cubells, El sentido religioso  de la liturgia, Guadarrama, Madrid 1964; L. Maldonado, Iniciación litúrgica: teologia, espiritualidad, pedagogia, Marova, Madrid 1981; R. Álvarez Gastón, La religión del pueblo: defensa de sus valores, BAC, Madrid 1976; A. Hamman, La oración, Herder, Barcelona 1967, 627ss.
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