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27 de abril de 2012

España unida, no al revés como quieren los nacionalistas

DEL DIARIO DE SESIONES DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS, INTERVENCIÓN DEL MINISTRO DE HACIENDA Y ADMINISTRACIONES PÚBLICAS EN RESPUESTA A LOS REPRESENTANTES DEL GRUPO MIXTO.

Tiene la palabra el señor ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. El señor MINISTRO DE HACIENDA Y ADMINISTRACIONES PÚBLICAS (Montoro Romero): Señor presidente, señorías, estamos en la recta final del debate de Presupuestos Generales del Estado para este año 2012, y he escuchado atentamente a todos los representantes de los grupos políticos incluidos en el Grupo Mixto. Todos han trasladado una sensibilidad a este debate territorial en el sentido de que han tratado de trasladar una sensibilidad especial de determinados territorios que componen España. En primer lugar, quiero decirles, en una respuesta que pretende ser agrupada, que lo que le conviene a Euskadi, a Canarias, a Galicia, a Navarra, en definitiva, a todas las comunidades autónomas de España, es el regreso al crecimiento económico y a la creación de empleo, no hay otra fórmula, y el camino es la financiación de la economía, el camino es recuperar el crédito a los emprendedores, el camino es, en definitiva, mostrar que desde un proyecto común que se llama España en la construcción europea, ese proyecto común es un proyecto fiable para todos; en definitiva, como decía, para vascos y catalanes, para gallegos y canarios, un proyecto europeo y un compromiso de España entera a la hora de cumplir requisitos que nos están marcando en términos y en claves europeas. Entiendo y no comparto para nada posiciones que lo que hacen es tener una visión aislada, parcelada, de Congreso  nuestra realidad y vienen a decir: si fuéramos únicos, diferentes, si fuéramos independientes, el asunto económico estaría resuelto. Nada más lejos de la realidad, señorías. Cuando estamos integrados en un proyecto europeo, cuando tratamos de ser cada vez más europeos, cuando estamos respondiendo a una crisis mundial, a una crisis financiera y a una crisis europea, donde Europa está siendo cuestionada como proyecto precisamente por su falta de velocidad, es decir, por su falta de voluntad política integradora, la respuesta es más Europa, más integración, más superación de visiones nacionalistas, menos proteccionismo y menos lanzar el mensaje, como se ha tratado de lanzar esta mañana, de que desde posiciones aisladas e independientes, aislacionistas en definitiva, los problemas estarían resueltos. ¿Qué problemas estarían resueltos? ¿Dónde estaría la fuerza? ¿Dónde estaría la capacidad? ¿Dónde estaría el motor? ¡Si estamos en una economía globalizada! Una economía globalizada trae prosperidad, una economía globalizada trae más igualdad de oportunidades, una economía globalizada como la que estamos viviendo en el mundo es una economía que propicia la igualdad de oportunidades entre países y entre sus capacidades de desarrollo económico, de prosperidad para sus ciudadanos. Eso son cifras, eso son datos, eso son hechos y aquí, en esta Cámara, estamos en Europa, estamos en la zona del mundo donde se ha hecho más progreso en términos de integración política sobre la base de la integración económica. No hay otra zona en el mundo donde esté tan avanzado ese proceso, y, por tanto, equivocan sus planteamientos políticos los que pretenden decir a la ciudadanía: me aíslo y resuelvo, es al contrario, es: me abro, me integro y resuelvo. Ese es el proyecto europeo, me abro, me abro, me abro. No estamos para construir países artificiales, no, estamos en la construcción europea, estamos superando los conceptos nacionales de la Edad Media y de los Estados modernos del siglo XVIII y del siglo XIX; ese es el pacto fiscal europeo que esta Cámara tendrá que resolver muy pronto. Esos son los grandes proyectos que se hacen a través de la integración económica, de la apertura de las fronteras, señoría, de no poner trabas y menos mentales, intelectuales, de no plantear las cosas desde ese punto de vista aislacionista: qué hay de lo mío, qué hay de lo mío, qué hay de lo mío en una determina política, en una determinada partida presupuestaria, cuando nos estamos jugando el futuro y la prosperidad de todos, de todos juntos, de todos unidos en un mismo proyecto que, insisto, tiene que ser ese proyecto europeo y donde claro que realmente el tamaño de las naciones importa. Las grandes decisiones se marcan por los que tienen más compromiso y tienen más capacidad de influencia económica. Por eso el discurso que tenemos que escuchar en esta Cámara hoy es el discurso del objetivo del déficit, pero entendiendo que detrás de ese concepto de rebajar y suprimir el déficit público está una gran integración política, está una gran integración europea y está la respuesta de Europa al mundo y a esa economía globalizada. Por eso, no es el momento de escuchar discursos pequeños y aislacionistas. No es el momento. Alguno de ustedes, por supuesto, venderá su producto político en términos de tratar de explicar a la ciudadanía que de esa manera se resuelve algo, pero es que van a contracorriente no de las ideas económicas, sino que van a contracorriente de las ideas políticas que están marcando el mundo. ¿O es que no ven el mundo del G-20? ¿No ven el mundo realmente de esa Europa que está detrás del concepto de pacto fiscal? ¿Cómo podemos fallar desde España a esa Europa? ¿Cómo podemos decir que España es una pequeña isla donde realmente van brotando brotes nacionalistas que lo que están diciendo a los ciudadanos es que si ellos tuvieran los recursos tributarios todo estaría resuelto? ¡Si el problema es al revés, señorías! ¡El problema es al revés! Estamos construyendo una integración política desde una integración económica. Para esa integración política y esa integración económica el euro es fundamental. El euro es estabilidad, señorías. Es imposible construir una integración política si no hay estabilidad económica, porque habría competencia desleal entre esos miembros del euro. Habría diferencias, tomas de posición, ventajas hechas desde los ventajistas y eso no es un proyecto de integración política. Por eso de lo que hoy estamos hablando aquí es de la corrección del déficit público en España para promover el bienestar de los españoles y, al mismo tiempo, no hay ningún tipo de ley europea de los fuertes que se imponen a los débiles en Europa, que es un lenguaje, digamos, propio del siglo XIX, actualizado. Como ya no se lleva la lucha de clases, ahora se actualiza y se dice: los fuertes de Europa y los débiles de Europa. No hay más que los competitivos de Europa y los que no tienen capacidad de adaptarse a la modernidad y a las relaciones económicas que necesita Europa. (Aplausos del señor Llamazares Trigo.—El señor Llamazares Trigo: ¡Muy bien! ¡Muy bien!). Eso es lo que hay, señorías. Eso es lo que hay y ese es el bienestar de Europa. Escuchaba los aplausos del señor Llamazares que sin duda alguna añora esta tribuna, pero esta es otra cuestión, y por eso es tan expresivo. (El señor Llamazares Trigo pronuncia palabras que no se perciben.— Aplausos). Le puedo añadir, señor Llamazares, que yo también añoro desde esta tribuna que no la ocupe con más frecuencia. También le echo de menos. Decía que realmente estamos en esa construcción y en esos objetivos comunes, de proyecto común. La prosperidad volverá a toda España cuando realmente vuelva a Europa y convierta a toda España no en un contribuyente neto en el sentido fiscal, tributario y presupuestario, sino en un contribuyente positivo a la estabilidad de Europa, a la estabilidad del euro y, en definitiva, a la estabilidad que también nos conviene a un país, como decía, que dentro de Europa tiene una problemática específica acumulada en forma de deuda externa a la que tenemos que hacer frente entre todos, pero de manera justa y equilibrada, sin hacer recaer los mayores esfuerzos de salida de esta crisis sobre los que menos tienen, sino hacerlo en términos de equilibrio y de cohesión social. Señorías, este es el proyecto de presupuestos que traemos a esta Cámara. Alguna de sus señorías ya ha empezado a decir, como si fuera un reproche: no cuentan con el apoyo de otros. Esta Cámara es el resultado de la votación del día 20 de noviembre y esta Cámara es la expresión de la sociedad española. El Gobierno se siente fuertemente apoyado, sustentado por la mayoría social que, en definitiva, expresó su deseo, en primer lugar, de cambio político, a sabiendas de que los tiempos son difíciles, a sabiendas de que el camino por recorrer iba a ser largo, a sabiendas de que teníamos que corregir la orientación de muchas políticas económicas, a sabiendas de que ciertamente teníamos por delante la corrección de muchos problemas y la corrección de equilibrios regionales. Como decía, la postura que trae el Gobierno en estos presupuestos no es una postura ideológica, ni una postura falta de racionalidad, porque en esta apuesta estamos coincidiendo con nuestros socios europeos y con la Comisión Europea, aun aceptándole que el debate pueda ser unas décimas de déficit público más arriba o más abajo, pero eso no es lo sustancial. Una vez marcado el objetivo, sí es muy importante que ese compromiso político quede expresado, concretado en las políticas de gasto y de ingreso público de un presupuesto general del Estado y su traducción al conjunto de los presupuestos de las comunidades autónomas y de las corporaciones locales, a su forma de gobernar y a la transparencia, que no viene de la obligación, sino de la transparencia. Hay que volver al equilibrio presupuestario en nuestras comunidades autónomas, en nuestras corporaciones locales, hay que gobernar desde la transparencia. Algunos de los que han ocupado esta mañana la tribuna, algunos de los que más han hablado de una ética y de una moral políticas, ¿han sido transparentes cuando han gestionado cuentas públicas? A ver si suben y me lo explican. (Rumores). ¿Acaso otros no han tenido responsabilidad en un Gobierno autonómico tan importante como el de Cataluña? ¿Qué ha ocurrido en ese Gobierno autonómico, han dejado facturas pendientes o no las han dejado? ¿Han sido transparentes con las cuentas públicas, han hecho del equilibrio presupuestario su forma de Gobierno o han dejado a los catalanes enfrentados a ajustes, precisamente como consecuencia de su planteamiento de Gobierno? (Aplausos.—Rumores). Cuando se está en representación de una formación política, hay que ser coherentes. Ustedes han tenido responsabilidades públicas de Gobierno, señorías, y cuando han tenido esas responsabilidades, ahí están los resultados. (Protestas.— El señor Llamazares Trigo: ¡Ahí! ¡Ahí!). Ahí están los resultados, cuentas opacas, facturas sin pagar y después tienen que pagar esas facturas los siguientes que vienen, que van a ser los ciudadanos. (Un señor diputado pronuncia palabras que no se perciben). Sí, sí, usted siga, pero dígame cuánto ha dejado en el cajón y a ver si es capaz de expresar esa cifra. Se la puedo decir yo, porque obviamente tengo conocimiento de ella en forma del pago de proveedores. Igual que lo hice ayer con Andalucía, lo puedo hacer con Cataluña, con la Comunidad Valenciana y con todas las comunidades autónomas. Por supuesto, vamos a clarificar las cuentas de todos y estamos para eso. (Rumores). Ayer mi discurso sonó contundente. (El señor Pérez Rubalcaba: ¿Y con el Ayuntamiento de Madrid?). Señor Rubalcaba, seguimos el debate cuando usted quiera. (Rumores.— Aplausos). El señor PRESIDENTE: Señores diputados, les ruego que no interrumpan al orador para que pueda explicarse adecuadamente. Siga, señor ministro. El señor MINISTRO DE HACIENDA Y ADMINISTRACIONES PÚBLICAS (Montoro Romero): Gracias, señor presidente. Veo que el señor Rubalcaba necesita un segundo turno de debate porque ayer no se quedó satisfecho. (Risas.— Aplausos). Eso es lo que realmente necesita, pero me tiene a su disposición para debatir en el Pleno o en otro tipo de foros o de medios de comunicación. (El señor Coscubiela Conesa pronuncia palabras que no se perciben). El señor PRESIDENTE: Señor Coscubiela, le ruego que guarde silencio. El señor MINISTRO DE HACIENDA Y ADMINISTRACIONES PÚBLICAS (Montoro Romero): Estaba diciendo que es el momento de gobernar, pero también es el momento de la autocrítica para algunos grupos que hoy suben a la tribuna como si fueran simples grupos de oposición y ayer mismo estaban en responsabilidades de gobierno. Suben a la tribuna despejados de cualquier tipo de planteamiento para hacer afirmaciones que no se sostienen, y no digo técnicamente, sino políticamente. ¿Acaso un ciudadano, un trabajador en Manresa que está ganando 20.000 euros brutos al año está pagando más impuestos, más IRPF que no dependa de la decisión del Parlamento en Cataluña, que un trabajador con ese mismo sueldo en Mérida? ¿Lo está diciendo en serio? ¿Está diciendo que en España no se está contribuyendo según su capacidad económica? Claro que hay unas diferencias, que son las que marcan las comunidades autónomas, pero no hay una España que desequilibra socialmente y que descompensa a los ciudadanos según el territorio donde pagan sus impuestos. Ese discurso no se sostiene. Comprendo que se quiera hacer bandera de ello, pero se lo tengo que rebatir porque no me puede responder a esa pregunta. ¿Por qué no me pone ese ejemplo y me dice esto? Un trabajador, con una familia con dos hijos a su cargo, ¿está pagando en Manresa, en Hospitalet, con 20.000 euros brutos, de una manera muy distinta a otro trabajador con una familia de esas características, con dos hijos a su cargo, que habita en Leganés, en Madrid? Pintan ustedes una España que no existe. No existen esas discriminaciones fiscales, señoría; no existen esas discriminaciones que llaman el expolio; no existe ese Estado que expolia a la gente. Existe una Constitución española que hace que paguemos los impuestos de acuerdo con nuestra capacidad económica y existen unos proyectos de gobierno que realmente respondemos y creemos que hay que favorecer la capacidad económica de la gente también con impuestos equitativos y proporcionales. Cuando un gobierno, como ha ocurrido con el mío, en el que yo represento la parte de Hacienda y Administraciones Públicas, se ha encontrado con un déficit público muy superior al previsto el año pasado, ha tenido que exigir un esfuerzo y lo ha hecho con equidad. Ha creado un gravamen especial en el IRPF, que es progresivo. No es un gravamen que se exija a los que menos renta tienen —no pagarán más gravamen—, sino un gravamen creciente en función de los niveles de renta. Hay equidad tributaria, como también la hay en este proyecto de presupuestos y en los cambios tributarios que estamos planteando con ello, igual que en el impuesto sobre sociedades, señorías. No ha hablado ninguno de los intervinientes del impuesto sobre sociedades. ¿Qué pasa, no les conviene hablar de este impuesto? Háganlo y reconozcan que el Gobierno está actuando en unas áreas donde realmente la fiscalidad tiene que estar más compensada. Al menos Izquierda Unida ayer reconoció el avance que hay en esos términos, un avance de normalización, no para desincentivar fiscalmente la inversión en modo alguno. Es un avance para sanear las empresas, el desapalancamiento financiero de las empresas es una gran cuestión, a la que tenemos que dar respuesta, una respuesta compatible con la situación económica que estamos viviendo como país. Señorías, al Gobierno le preocupan, y mucho, las diferencias regionales en España en términos de renta per capita. Las diferencias regionales son una prioridad que hay que corregir, porque España es un país desequilibrado en términos de renta per capita. Las diferencias son tan grandes y alarmantes que exigen políticas correctoras específicas. Para eliminar las diferencias de renta per capita, necesitamos en primer lugar volver al crecimiento económico y actuar con las grandes políticas de gastos y de ingresos públicos para equilibrar esas diferencias que se dan fundamentalmente entre territorios, aunque también se puede dar —y, de hecho, se dan— dentro de esos territorios. Por tanto, hay que buscar el equilibrio y la cohesión social con las políticas de ingresos y gastos públicos y también el equilibrio territorial que recorte esas diferencias. Las diferencias de renta per capita no son derivadas de la financiación autonómica per capita. Y utilizando estos términos desde esta tribuna algunos de los oradores lo que han hecho realmente es confundir a la opinión pública. Tienen relación, pero no son el resultado. La financiación autonómica que se aplica en España —lo expliqué ayer suficientemente— es una ley que el Gobierno desarrolla a plenitud en estos Presupuestos Generales del Estado, pero es una ley que no ha aprobado este Gobierno. Como ya recordaba ayer, es una ley que el Grupo Parlamentario Popular en la oposición votó en contra; yo mismo voté en contra. Por cierto, esa ley le gustaba mucho a Esquerra. ¿Se acuerdan? ¿Se acuerdan de los eslóganes que hacían aparecer cuando se votó esa ley? ¿Se acuerdan de los miles de millones de euros que habían conseguido para Cataluña? Les pregunto ahora, ¿dónde están esos miles de millones de euros? Hacer política tiene sus consecuencias y en política hay que ser coherente con los planteamientos. No hace tanto tiempo que han tenido responsabilidad de gobierno. Después de defender un sistema de financiación autonómica como se ha defendido en esta Cámara, después de explicarlo a la opinión pública en Cataluña y en toda España y de decir que realmente era muy ventajoso para Cataluña, ahora suben aquí y hablan de expolio. Los mismos que hace pocos meses decían que tenían tanta fuerza e influencia sobre el Gobierno anterior, los mismos que llevaron a una financiación autonómica desequilibrada, los mismos suben y dicen lo contrario al cabo de pocos meses. Esto sería aceptable si por lo menos reconocieran que se equivocaron. Suban a esta tribuna y digan: Me equivoqué cuando apoyé esa financiación autonómica, me equivoqué cuando le di el plácet, el impulso, cuando dije que era una prioridad, porque no era una prioridad. La financiación autonómica se aprobó en esta Cámara en el año 2009, y la prioridad no era esa. No íbamos a salir de la crisis así, como efectivamente ha ocurrido. Seguimos en la crisis, seguimos en una recesión que viene principalmente de la restricción crediticia que estamos viviendo. Esa restricción crediticia obliga al Gobierno a hacer las reformas que estamos acometiendo en el ámbito bancario y en las relaciones laborales, que no significa despedir más, sino negociar salarios y condiciones de trabajo; en definitiva, significa abrir oportunidades y capacidades para el desarrollo económico de todos nuestros territorios. Señorías, quiero insistir en que el Gobierno va a ser muy exigente con el cumplimiento de las comunidades autónomas y de las corporaciones locales con los objetivos de déficit público. El Gobierno no culpa del déficit público actual a las comunidades autónomas, pero sí vamos a ser muy exigentes en la corrección de esos objetivos de déficit público. Es muy distinto responsabilizar, hacer responsable, que exigir ese cumplimiento, es muy diferente posición política, pero vamos a ser inflexibles en la consecución del objetivo del déficit público y vamos a ser inflexibles a la hora de que realmente cada comunidad autónoma, cada corporación local, corrija y cumpla con la obligación de, a través de la transparencia de sus cuentas públicas, conseguir su objetivo de déficit público. Porque nos estamos jugando España, porque nos estamos jugando Europa, porque somos demasiado importantes como para perjudicar a Europa entera y condicionar la recuperación de la economía mundial. Eso es lo que está ocurriendo, que España está viéndose como un problema, y este presupuesto es la solución al mismo; una solución que pasa por la proyección europeísta de España y por pedirles  los que componen y representan a diferentes territorios, porque han sido votados, que levanten la mirada, que la solución para los problemas de los ciudadanos en cualquiera de nuestros territorios pasa por Europa, pasa por los compromisos que nos damos los europeos, pasa por un proceso de integración política, por un proyecto de convivencia donde realmente sea posible una España, la España que lo ha sido en su historia, la España de las diferencias, la España de los regímenes económico-fiscales propios, la España de las haciendas forales, que es realmente lo que configura a una España hoy completamente europeizada, una España comprometida con su propio proyecto, que es Europa, que es, en definitiva, el cumplimiento de los requisitos para que Europa se integre, para que en Europa sea posible que los ciudadanos asistamos a un futuro mucho más esperanzador, sobre todo para los más jóvenes, para los jóvenes españoles y para los jóvenes que se sienten fundamentalmente europeos, que tienen todo el derecho a ver que tienen cabida en ese futuro, que tienen lugar para desarrollar su proyecto de vida. Esa debe ser la respuesta que demos en una España de convivencia, en una España en la que desde las diferencias podamos convivir, que entendamos que el proyecto de España es mucho más que un renglón de un presupuesto, mucho más que un renglón de una inversión concreta de una infraestructura. Es el momento —insistí ayer en ello— de las luces largas de la política, de levantar el tono del debate, no de la voz, de dejar de mirarse al ombligo y de comprometerse con un proyecto que no puede ser otro que el de la superación de la prosperidad a través de la estabilidad económica. Así hacemos más España, pero sobre todo también estamos haciendo más Europa. Muchas gracias, señor presidente. (Aplausos.—El señor Bosch i Pascual pide la palabra).
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