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24 de febrero de 2012

La razón de mi vida: Casarme con Ana Mari

La razón de mi vida es también estar casado con mi mujer, a la cual amo, quiero y respeto. Sus problemas, son mis problemas, y el respeto y la vida en común es algo maravilloso.

DICE EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

ARTÍCULO 7EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO1601 "La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados" (CIC can. 1055, §1)
Nosotros al no haber tenido hijos, de momento (mi mujer tiene 45 y yo 41), y a pesar de estar abiertos a la vida, como enseña la Iglesia, tenemos claro que como enseña la Iglesia de Jesucristo, nuestra vida en común es UNA ALIANZA matrimonial, varón con mujer. Imposible que esa alianza sea entre dos personas del mismo sexo porque va contra la propia naturaleza de la creación. Prescindiendo nosotros en este momento de nuestra vida de la parte destinada a la generación y educación de los hijos, nos centramos en la otra parte también importantísima de nuestra Alianza. Nosotros tenemos un consorcio, es decir dos hijos de Dios que tienen intereses comunes. Por el contrario todas las parejas liberales del mundo, o aquellas donde uno de los dos miembros es un liberal, buscan antes su propio interés por encima del de su pareja. Por tanto una verdadera Alianza matrimonial ordenada es aquella en la que ambos cónyuges son conscientes de que se unen para el BIEN COMÚN. Es decir, yo miro por el bien de mi mujer, y mi mujer por el mío. Y puedo decir por experiencia que cuando se vive eso en plenitud, es una auténtica gozada.

Nosotros estamos "casados por la Iglesia", como se suele decir de forma genérica. Pasamos por este paso importante y relevante de nuestras vidas, después de haber convivido seis años "rejuntados", como se conoce a las parejas que no se casan. Lo hicimos por ignorancia de lo que era el Matrimonio. Una vez que nuestra conciencia se fue abriendo a la llamada de Dios, fuimos comprendiendo que aquello era desordenado, y dimos un primer paso, aún incompleto. Nos casamos civilmente en Octubre del año 2003. Creíamos de corazón que haciendo eso agradábamos mas a Dios en el que creíamos, aunque no queríamos saber nada de la Iglesia Católica, y estoy seguro que nuestro Padre celestial nos iba atrayendo cada vez más a la verdad del Matrimonio con paciencia y ternura.

En menos de un año, nos dimos cuenta que nos faltaba una cosa que no entendíamos al principio, entre otras cosas, porque lo asociamos erróneamente, hablo especialmente por mi, a todo lo que me desagrada del Matrimonio de la Iglesia, el boato, los "invitados" de compromiso, "los gastos suntuosos". Vamos, que yo veía el Matrimonio de la Iglesia, más como una bendición, como una maldición para mi vida, por todas esas cosas de las que yo no quería participar. Creo que a Ana Mari le pasaba lo mismo. Me daba un miedo terrible tener que enfrentarme a todo eso, y como además no tenía conciencia que el Sacramento del Matrimonio era tan importante, pues al principio no lo veía.

Afortunadamente esos años en los que no existió el Sacramento aún en nuestras vidas, no estuvimos "abiertos a la vida", porque eso tal vez hubiera añadido problemas adicionales a nuestra existencia.

Por último en esta parte del punto 1601 del Catecismo, indicar que nuestra Alianza matrimonial fue hecha Sacramento por el mismo Jesucristo, nuestro Señor, de modo que rechazar el Sacramento siendo consciente de ello, supondría un problema, ya que era nuestra intención agradar a Dios en todo. De modo, que tan sólo pocos meses después de habernos casado civilmente, supimos que aquello no era válido para la Iglesia, y en el año 2004 habíamos recibido la llamada de Dios para reincorporarnos a la Iglesia en la que habíamos sido bautizados y sido hechos hijos de Dios. Aún con un poco de miedo por mi parte, pero en cuanto supimos que era necesario para agradar a Dios, dar ese paso, lo dimos, y tuvimos la gran bendición y el gran regalo, de que Dios nos permitió hacerlo a nuestro gusto. Nada de imposiciones exteriores, nada de compromisos obligados, nada de gastos suntuosos, nada de boato.

Puedes ver un video y más información en la sección:
SACRAMENTOS.



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