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5 de octubre de 2011

Antonio Cánovas del Castillo

Antonio Canovas del Castillo

Antonio Cánovas del Castillo

(Málaga, 8 de febrero de 1828Mondragón, Guipúzcoa, 8 de agosto de 1897), político e historiador español. Presidente del Consejo de Ministros de España durante la mayor parte del último cuarto del siglo XIX.
Fue una de las figuras más influyentes de la política española de la segunda mitad del siglo XIX, al ser el mayor artífice del sistema político de la Restauración, convirtiéndose en el máximo dirigente del Partido Conservador. Es considerado como uno de los más brillantes políticos conservadores de la historia contemporánea española y criticado por sus detractores por crear una falsa apariencia de democracia mediante el «turno de partidos», por suspender la libertad de cátedra en España o por su postura favorable al esclavismo.
Se denomina «canovismo» a la corriente política que tiene por fondo la implantación de una democracia no revolucionaria y tradicional al modelo británico. Ésta, sustentada en la monarquía, creía en el bipartidismo y la alternancia del poder.
Antonio Cánovas del Castillo fue hijo de Antonio Cánovas García, maestro nacido en Orihuela, Alicante, y de Juana del Castillo y Estébanez, hija de Juan José del Castillo, y prima hermana de Serafín Estébanez Calderón, el escritor.
Compaginó los estudios con su afición por la historia y en 1854 publicó su obra Historia de la decadencia española. Al mismo tiempo iniciaba su carrera política y se unía a Leopoldo O'Donnell, artífice de la revolución del 54 proclamada con el «Manifiesto de Manzanares», escrito por el propio Cánovas. Miembro de la Unión Liberal, en 1854 fue elegido Diputado por Málaga para las Constituyentes y, a la caída de O'Donnell, Gobernador Civil de Cádiz. Fue ministro de Gobernación en 1864 y de Ultramar en 1865 durante el reinado de Isabel II antes de proclamarse la Primera República Española.
Tras la Revolución de 1868 y fin de la monarquía borbónica se encarga de preparar la vuelta del que sería Alfonso XII hijo de Isabel II. En 1874 tras el pronunciamiento en Sagunto del general Martínez Campos y la proclamación de Alfonso XII como rey, se encarga de idear el sistema de la Restauración, siendo el redactor del manifiesto de Sandhurst, en 1874. Propone un sistema bipartidista donde los fraudes electorales periódicos, apoyados en el caciquismo hacían posible la alternancia en el poder, como medio de disipar tensiones. Así accedió siete veces al cargo de Presidente del Consejo de Ministros de España con Alfonso XII.

La Constitución española de 1876

El autor de la Constitución de 1876 fue el ilustre jurista y varias veces ministro Manuel Alonso Martínez siguiendo el ideario canovista, haciendo gala de un Liberalismo Doctrinario Reformado. Cánovas también asumió funciones de jefe del gobierno durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena.
La Constitución española de 1876 es un texto flexible con el objetivo de permitir gobernar de manera estable a los partidos que acepten el sistema, sin embargo su inspiración es claramente conservadora. En ella se recoge:
  • La declaración de derechos y deberes: es amplia y recoge las conquistas de la Constitución española de 1869, pero en la práctica estuvieron restringidos, especialmente los derechos de imprenta y expresión, así como los de asociación y reunión.
  • El principio de soberanía compartida: establece que la potestad de hacer leyes reside en «Las Cortes con el Rey».
  • La división de poderes: el poder legislativo reside en unas Cortes bicamerales. El Senado (compuesto por tres tipos de senadores: por derecho propio, por designación real y por elección). El Congreso es elegido por sufragio directo; será el partido que gobierne el que determine por la ley electoral si el sufragio debe ser censitario o universal.
  • El poder ejecutivo lo ejerce la Corona a través de los ministros. El rey elige libremente al jefe de gobierno y no es responsable ante las cortes.
  • El poder judicial es independiente.
  • El centralismo se acentúa porque los ayuntamientos y las diputaciones son controlados por el gobierno y se suprimen los fueros vascos.
  • La cuestión religiosa se resuelve mediante el reconocimiento de la confesionalidad católica del país y la garantía del sostenimiento del culto y del clero y el reconocimiento de otras creencias pero sin manifestaciones públicas.
El marco de actuación quedaba establecido en la Constitución para conseguir la estabilidad política se hacía necesaria la alternancia pacífica en el poder. Ello se logró a través del turno de partidos.
El nuevo sistema, fundamentado en la Constitución de 1876, era en teoría una democracia parlamentaria. Defensor del bipartidismo favoreció la formación de un Partido liberal que aceptara la legitimidad del sistema político y pactó con el dirigente liberal Sagasta el turno político obligatorio, mediante el Pacto del Pardo en 1881. Decretó inicialmente el sufragio restringido en 1878, y hasta 1890 no se contempló el restablecimiento del sufragio universal masculino. Salvo dos breves periodos en los que ocuparon la presidencia Jovellar (1875) y Martínez Campos (1879), ocupó este cargo todo el tiempo que creyó necesario hasta que Sagasta estuviera preparado para acceder al poder en 1881.

Política colonial y social

Cánovas era integrante de uno de los grupos de presión llamados «Ligas» que abogaban por la pervivencia del esclavismo en las colonias; pese a ello, y con la presión de los grupos abolicionistas, firmó la definitiva abolición de la esclavitud en España en 1880 (aunque de forma gradual en Cuba, instaurando un Patronato por parte de los antiguos dueños que se mantuvo hasta el 7 de octubre de 1886)
Tal medida violentó las más íntimas convicciones del líder del Partido Conservador y presidente del Consejo de Ministros, a juzgar por las convicciones expuestas en la entrevista concedida diez años más tarde -el 17 de noviembre de 1896- al periodista Gaston Routier del periódico francés Le Journal:[1]
Los negros en Cuba son libres; pueden contratar compromisos, trabajar o no trabajar, y creo que la esclavitud era para ellos mucho mejor que esta libertad que sólo han aprovechado para no hacer nada y formar masas de desocupados. Todos quienes conocen a los negros os dirán que en Madagascar, en el Congo, como en Cuba son perezosos, salvajes, inclinados a actuar mal, y que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos. Estos salvajes no tienen otro dueño que sus propios instintos, sus apetitos primitivos. Los negros de Estados Unidos son mucho más civilizados que los nuestros: son los descendientes de razas implantadas en suelo americano desde hace varias generaciones, se han relativamente transformado, mientras que entre nosotros hay cantidad de negros venidos directamente de África y completamente salvajes. ¡Pues bien! vea incluso en los Estados Unidos como se trata a los negros: tienen unas libertades aparentes que se les permite utilizar dentro de ciertos límites. A partir del momento en que desean beneficiarse de todos sus pretendidos derechos de ciudadano, los blancos salen rápidamente a recordarles su condición y a colocarlos en su lugar.Creo saber que por otra parte, en Estados Unidos no hay un solo hombre de estado serio e influyente que desee realmente la independencia de Cuba, ya que se dan perfectamente cuenta que la isla de Cuba independiente se convertiría en una nueva República Dominicana, una segunda Liberia que se retrogradaría de la civilización a la anarquía. Si el ejército español abandonase Cuba, serían las ideas sensatas, fecundas, liberales, progresistas de Europa las que abandonarían este país que ha sido el más rico y el más próspero de la América española. Lo saben tan bien en Estados Unidos que los espíritus exaltados y «chovinos», que también los hay allí, cuando reclaman la independencia de Cuba, la reclaman con la condición de colocar inmediatamente esta gran isla bajo el protectorado de la República de Estados Unidos, que ejercería una policía rigurosa… Cuba no habría hecho más que cambiar de dueños. L’Espagne en 1897, Gaston Routier. Deuxieme patie, chapitre III. La politique de l'Espagne a Cuba. Une interview sensationalle de Don Antonio Canovas del Castillo, President du Conseil des Ministres
Las acciones del gobierno bajo Cánovas incluyeron arrestos en masa y tortura policial:
Durante las actividades religiosas de Barcelona en 1896,una bomba fué arrojada. Trescienrtas personas,hombres y mujeres,fueron arrestadas.Aunque hubo algunos anarquistas en el arresto masivo,la mayor parte fueron socialistas y sindicalistas.Fueron ingresados en la bastilla del Montjuich y suspendidos a toda clase de torturas para desentramar los conspiradores.Tras varios muertos bajo custodia,y algunos casos de lisiados permanentes,la prensa europea tomaria causa,llegandose a liberar a algunos de los supervivientes. El hombre que estaba al tanto de ésta acción y era realmente el máximo responsable de que no se suspendiera fué en todo momento el Primer ministro,D.Cánovas del Castillo.Bajo sus expresas órdenes se someteria a tortura a todas estas víctimas de la represión,carne al rojo,huesos rotos,y lenguas y ojos arrancados. Empleadas estas prácticas a fondo durante el régimen que le impuso a Cuba,el Primer ministro prefirió mantener oídos sordos a las quejas y críticas de diferentes sectores sociales con conciencia ciudadana,considerando éstas no tener mayor consecuencia relevante ni suponer ningún riesgo a su poder,casi absoluto.
Ideario político de Cánovas:
La política es el arte de aplicar en cada época de la historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible; nosotros venimos ante todo con la realidad; nosotros no hemos de hacer ni pretender todo lo que quisiéramos, sino todo lo que en este instante puede aplicarse sin peligro. (...) Hay mucha diferencia entre hablar de Constitución interna al lado de una Constitución expresa y escrita, en cuyo caso existe contradicción notoria, y hablar de Constitución interna en un país donde, por las circunstancias de los hechos, no queda en pie Constitución alguna escrita. Donde esto acontece no puede menos de decirse que no hay Constitución alguna vigente; y cómo, sin embargo de esto, es imposible que un país viva sin algunos principios, sin algunos fundamentos, sin algunos gérmenes que desenvuelvan su vida. (...) Llamad a esto como queráis; si no os gusta el nombre de Constitución interna, poned otro cualquiera; pero hay que reconocer de hecho que existe. [...] Invocando toda la historia de España, creí entonces, creo ahora, que, deshechas como estaban por movimientos de fuerza sucesivos todas nuestras Constituciones escritas, a la luz de la historia y a la luz de la realidad presente sólo quedaban intactos en España dos principios: el principio monárquico, el principio hereditario, profesado profundamente —a mi juicio— por la inmensa mayoría de los españoles, y, de otra parte, la institución secular de las Cortes.
Antonio Cánovas del Castillo

El Decreto Orovio

Para poner en marcha su modelo político —conocido popularmente como el canovismo o el sistema canovista— Cánovas se vio forzado a pactar con todo tipo de fuerzas. Particular importancia tiene, por sus consecuencias posteriores, su pacto con las fuerzas más integristas, que le llevará a nombrar a Manuel Orovio Echagüe Ministro de Fomento. Éste había estado al frente de este ministerio antes de la revolución de 1868 durante el último gobierno de Narváez. Tras la revolución el ministro suspendió la libertad de cátedra en España «si se atentaba contra los dogmas de fe» con el fin de afianzar el principio integrista que hacía de la nación un proyecto sostenido en la voluntad divina. El decreto por el que se suspendía la libertad de cátedra se conoce como el «decreto Orovio». Su aplicación apartó a muchos intelectuales de la Universidad, originando la creación de la Institución Libre de Enseñanza en 1876.[2]

Su muerte

Mausoleo de Cánovas en Madrid (Agustín Querol, 1906).
Cánovas murió asesinado el 8 de agosto de 1897, en el balneario de santa Águeda, en el municipio de Mondragón, Guipúzcoa, por el anarquista italiano Michele Angiolillo, inscrito en el establecimiento como corresponsal del periódico italiano Il Popolo. Según declararía en el momento de su detención, el motivo fue la venganza por las muertes de los anarquistas detenidos en Barcelona a raíz del atentado contra la procesión del Corpus en junio de 1896.
Práxedes Mateo Sagasta, jefe del Partido Liberal y designado a la muerte de Alfonso XII, y tras la renuncia del propio Cánovas, Presidente del Gobierno en 1881, al glosar la figura de su rival político y amigo, pronunció la siguiente frase: «Después de la muerte de Don Antonio, todos los políticos podemos llamarnos de tú».
En 1901, Alfonso XIII concedió a su viuda Joaquina de Osma y Zavala el título de duquesa de Cánovas del Castillo. En 1975 el Ayuntamiento de Málaga erigió un monumento en homenaje a este político malagueño y en 2009 se instaló una placa en su honor en el salón de plenos de la Casa consistorial de Málaga.[3]

Obras

  • Obras completas, Fundación Cánovas del Castillo, 1997.
  • La campana de Huesca. Crónica del siglo XII, 1852.
  • Historia de la decadencia española, 1854.
  • Del principio y fin que tuvo la supremacía militar de los españoles en Europa con algunas particularidades de la Batalla de Rocroy (publicado en la Revista de España, 1868)
  • Estudios literarios de D. Antonio Cánovas del Castillo, individuo de número de las Reales Academias Española y de la Historia. Tomo I. Madrid, 1868. Imprenta de la Biblioteca universal económica.
  • Roma y España a mediados del siglo XVI (1868, publicado en la Revista de España)
  • De las ideas políticas de los españoles durante la Casa de Austria (1869, publicado en la Revista de España)
  • "El Solitario" y su tiempo: biografía de Serafín Estébanez Calderón y crítica de sus obras. A. Pérez Dubrull, 1883, 2 vols.
  • Obras poéticas, 1887.
  • Artes y letras, 1887.
  • Bosquejo histórico de la casa de Austria en España, 1911.
  • Estudios del reinado de Felipe IV 1927.

Plaza de Cánovas del Castillo

En su honor se denomina Plaza de Cánovas del Castillo en Madrid al gran espacio circular del Salón del Prado en cuyo centro se sitúa la Fuente de Neptuno y en el que desemboca la Calle de Felipe IV desde el Monumento a María Cristina (frente al Casón del Buen Retiro y flanqueado por el edificio de la Real Academia Española), el Paseo de Recoletos desde el Monumento a los Caídos por España, la Carrera de San Jerónimo desde el Palacio de las Cortes y el Paseo del Prado desde el Museo del Prado. Entre los edificios singulares de la plaza están el Hotel Palace, el Hotel Ritz y el Palacio de Villahermosa (que actualmente ocupa el Museo Thyssen-Bornemisza). La mayor parte de esos lugares tuvieron una especial relación con la vida de Antonio Cánovas del Castillo.

Fundación Cánovas del Castillo

La Fundación Cánovas del Castillo fue creada por el Partido Popular durante la dirección de Manuel Fraga como referente ideológico del espacio político definible como conservadurismo, moderantismo o derecha política compatible con la democracia, especialmente identificado con la monarquía parlamentaria, y que tuvo una especial actividad en la conmemoración del centenario de la muerte de Cánovas (1997).[4] Bajo la presidencia de José María Aznar se integró con otras fundaciones en la denominada FAES (11 de noviembre de 2002).

Datos personales
Nacimiento 8 de febrero de 1828
Málaga España Fallecimiento 8 de agosto de 1897
(69 años)
Mondragón España Partido Unión Liberal
Partido Conservador Padres Antonio Cánovas García
Juana del Castillo Estébanez Cónyuge Joaquina de Osma y Zavala Hijos Ninguno Profesión Historiador y diplomático Ocupación Político Tratamiento Excelentísimo Señor Religión Católica Residencia Madrid España Firma
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