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29 de agosto de 2011

DIDACHÉ (1)

Conocer la existencia de este documento, uno de los primeros del cristianismo, supuso para mi un auténtico descubrimiento, en una época en la ue buscaba con perseverancia cual de todas las iglesias que dicen ser de Jesucristo, es la Iglesia verdadera. La lectura de este documento, supuso un eslabón más que me confirmó que la Iglesia Católica con el Papa a la cabeza, es la verdadera Iglesia fundada por Cristo.

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ENSEÑANZA DE LOS DOCE APÓSTOLES
(«Didaché» o «Didajé» o «Didakhé »)



Didaché, en griego Διδαχή,1 pronunciado Didajé2 y transcrito también como Didajé3 o Didaké, es el nombre más conocido4 de una obra de la literatura cristiana primitiva llamada, en su título corto, Enseñanza de los doce apóstoles:

Διδαχή τών δώδεκα ἀποστόλων5

y, en su título largo, Enseñanza del Señor a las naciones por medio de los doce apóstoles:

Διδαχή τού κυρίου διά τών δώδεκα ἀποστόλων τοΐς ἔθνεσιν6
que pudo ser compuesta en la segunda mitad del siglo I, acaso antes de la destrucción del templo (70 d.C.), por uno o varios autores, los «didaquistas» a partir de materiales literarios judíos y cristianos preexistentes. No fue descubierto hasta 1873.

Al igual que otras obras de la literatura cristiana estuvo tiempo rondando el canon bíblico antes de ser finalmente descartada. Actualmente se la incluye dentro del heterogéneo grupo de escritos de los llamados Padres Apostólicos, de los cuales puede ser el escrito más antiguo y, sin lugar a dudas, el más importante.

1. INSTRUCCIÓN MORAL
2. EL BAUTISMO
3. AYUNO Y ORACIÓN
4. FÓRMULAS PARA LA CENA EUCARÍSTICA
5. INSTRUCCIÓN SOBRE LOS APÓSTOLES Y PROFETAS
6. EL DÍA DEL SEÑOR
7. OBISPOS Y DIÁCONOS
8. ESCATOLOGÍA
UN SACRIFICIO PURO. DIDACHÉ O ENSEÑANZA DE LOS DOCE APÓSTOLES, CAP. IX Y X


1. Instrucción moral.




Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos. El camino de la vida es éste: «Amarás en primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo lugar a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas tú a otro.» Tal es la enseñanza de este discurso: «Bendecid a los que os maldicen y rogad por vuestros enemigos, y ayunad por los que os persiguen. Porque ¿qué gracia hay en que améis a los que os aman? ¿No hacen esto también los gentiles? Vosotros amad a los que os odian, y no tengáis enemigo.» Apártate de los deseos carnales. Si alguno te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele la izquierda, y serás perfecto. Si alguien te fuerza a ir con él durante una milla, acompáñale dos. Si alguien te quita el manto, dale también la túnica. Si alguien te quita lo tuyo, no se lo reclames, pues tampoco puedes. A todo el que te pida, dale y no le reclames nada, pues el Padre quiere que se dé a todos de sus propios dones. Bienaventurado el que da conforme a este mandamiento, pues éste es inocente. ¡Ay del que recibe! Si recibe porque tiene necesidad, será inocente; pero si recibe sin tener necesidad, tendrá que dar cuenta de por qué recibió y para qué: puesto en prisión, se le examinará sobre lo que hizo, y no saldrá hasta que no devuelva el último cuadrante.

También está dicho acerca de esto: que tu limosna sude en tus manos hasta que sepas a quién das. Segundo mandamiento de la doctrina: No matarás, no adulterarás, no corromperás a los menores, no fornicarás, no robarás, no practicarás la magia o la hechicería, no matarás el hijo en el seno materno, ni quitarás la vida al recién nacido. No codiciarás los bienes del prójimo, no perjurarás, no darás falso testimonio. No calumniarás ni guardarás rencor.

No serás doble de mente o de lengua, pues la doblez es lazo de muerte. Tu palabra no será mentirosa ni vana, sino que la cumplirás por la obra. No serás avaro, ni rapaz, ni hipócrita, ni malvado, ni soberbio. No tramarás planes malvados contra tu prójimo. No odiarás a hombre alguno, sino que a unos los convencerás, por otros rogarás, a otros los amarás más que a tu propia alma... Sé manso, pues los mansos heredarán la tierra. Sé paciente, compasivo, sin malicia, tranquilo y bueno, temeroso en todo momento de las palabras que has oído. No te exaltarás, ni entregarás tu alma a la temeridad. No se junte tu alma con los soberbios, sino que andarás con los justos y humildes. Los sucesos que te sobrevengan los aceptarás como bienes, sabiendo que no sucede nada sino por disposición de Dios. Hijo mío, te acordarás de día y de noche del que te habla la palabra de Dios, y le honrarás como al Señor. Porque donde se anuncia la majestad del Señor, allí está el Señor.

Buscarás cada día los rostros de los santos, para hallar descanso en sus palabras. No harás cisma, sino que pondrás paz entre los que pelean. Juzgarás rectamente, y no harás distinción de personas para reprender las faltas. No andarás con alma dudosa de si sucederá o no sucederá: No seas de los que extienden la mano para recibir, pero la retiran para dar. Si adquieres algo por el trabajo de tus manos, da de ello como rescate de tus pecados. No vaciles en dar, ni murmurarás mientras das, pues has de saber quién es el buen recompensador de tu limosna. No rechazarás al necesitado, sino que tendrás todas las cosas en común con tu hermano, sin decir que nada es tuyo propio; pues si os son comunes los bienes inmortales, cuánto más los mortales. Tu mano no se levantará de tu hijo o de tu hija, sino que les enseñarás desde su juventud el temor de Dios. No mandarás con aspereza a tu esclavo o a tu esclava que esperan en el mismo Dios que tú, no sea que dejen de temer a Dios que está sobre unos y otros... Vosotros, los esclavos, someteos a vuestros señores como a imagen de Dios con reverencia y temor...
En la asamblea confesarás tus pecados, y no te acercarás a la oración con mala conciencia.

Este es el camino de la vida (cap. 1-5).
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