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31 de agosto de 2011

31 de agosto, 423 aniversario de la catedral de Malaga





Dentro de la novena de Santa Maria de la Victoria, celebramos el aniversario de la bendicion de nuestra catedral, que curioso, ella bajo el domingo desde su santuario en el barrio de la Victoria para estar 9 dias mas cerca aun de sus hijos, ya os contare su historia en los proximos dias ahora os pongo la historia de la catedral que hoy esta de cumpleaños, cumple 423 años, el 31 de agosto de 1588 fue abierta por fin a la diocesis y se consagro el templo catedralicio a Dios.

Las raíces cristianas de la Diócesis malagueña se remontan según el jesuita Pedro Morejón al año 52 d. C., cuando San Torcuato ocupaba la sede episcopal. Pero la tesis seguida por más investigadores, sitúa en el s. IV el origen cristiano de las tierras malagueñas, época en la que era Obispo San Patricio.

Tras el periodo de dominio musulmán, los Reyes Católicos, en la tarde del 18 de agosto de 1487, toman la ciudad. El día 11 de septiembre, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, asistieron a Misa en la Mezquita Mayor, transformada ya en Catedral, que se consagra bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación.

La Mezquita Mayor se adaptaría al nuevo culto, por lo que se dota al Templo de imágenes, ornamentos y reliquias. Bajo la estética arquitectónica propia de la época - gótico tardío-, se delimitan espacios entre las columnas creando capillas.

Los dos primeros obispos de Málaga, Pedro Díaz de Toledo que ostentó la mitra entre 1497 y 1499 y Diego Ramírez de Villaescusa que estuvo al frente de la Diócesis entre 1500 y 1518, mantuvieron la Mezquita como Catedral. A pesar de la escasa información que existe sobre la disposición del Templo, podemos decir que se dividía en cuatro grandes espacios: la Capilla Mayor, la de las Reliquias, el Coro y la Sacristía. Algunas capillas con enterramientos estaban adosadas a las naves laterales.

La antigua Catedral se ubicaba entre las calles Císter y Santa María, denominadas Alcázar y Mercaderes en aquel momento.

Pero en pocos años se fue creando un debate interno dentro del Cabildo Catedralicio. De un lado se postulaban los que seguían el ideario de los obispos de ir transformando la antigua Mezquita y de otro los que creían que era necesario levantar una Catedral totalmente nueva. Pero en esa lucha, tenían más opciones de hacer valer su criterio los que se mostraron del lado de los obispos, ya que los Reyes Católicos habían ordenado que el presupuesto dedicado a obras sobre el edificio, debía ser dispuesto por los pastores de cada diócesis.

La construcción de la Portada del Perdón de la Iglesia del Sagrario impulsada por el Obispo Villaescusa, buscaba tener un programa iconográfico que sirviese para adoctrinar a la población. Tenemos que tener en cuenta que los habitantes de Málaga en el primer cuarto del s. XVI eran: repobladores cristianos, mudéjares, judíos conversos, extranjeros y un pequeño grupo de moriscos. Era necesario hacer llegar a los malagueños los dogmas esenciales.

Realizada en estilo gótico tardío, se sigue la tradición medieval de incluir los Apóstoles, los Padres de la Iglesia, los Evangelistas y las efigies y escudos heráldicos de las personas que habían avalado la obra. César Riario, que había sucedido en la Sede a Ramírez de Villaescusa, cambió los escudos de éste por los suyos, al haber sido durante su episcopado cuando se concluyen las obras de la portada. Se recoge de igual modo el dogma de la Encarnación por ser esta la dedicación del Templo. Los estudiosos y especialistas atribuyen el proyecto de esta portada a Juan de Guas, Enrique Egás o Simón de Colonia.

La Portada del Perdón de la actual Iglesia del Sagrario se divide en dos partes. En la parte inferior se centra su estructura en un arco de medio punto ligeramente apuntado. Las arquivoltas están decoradas con elementos vegetales y con el apostolado. En la clave están las figuras de San Pedro y San Pablo, y en la parte interior aparecen Isaías y David. Los Cuatro Evangelistas están situados en los contrafuertes que encuadran a San Gabriel y a la Virgen María, en el Misterio de la Encarnación.

La zona superior está dividida en dos espacios. Por una parte se encuentra la figura de El Salvador flanqueada por el escudo y sello de César Riario. San Agustín, San Ambrosio, San Gregorio y San Jerónimo –Padres de la Iglesia-, se representan en los contrafuertes. Cierra el conjunto la imagen de la Virgen. A cada uno de los lados se representa a los promotores de esta portada: el Cardenal Mendoza custodiado por un Ángel y a Pedro Díaz de Toledo con Santiago Apóstol.

Construir una catedral es una obra mayor que requiere de mucho tiempo y esfuerzo. En el caso concreto de Málaga quedó parada la fábrica en 1782.Los hitos más relevante de la construcción del primer Templo de la Diócesis son:

1528: Bernardino de Contreras, en nombre del Obispo César Riario, presenta al Cabildo Catedral los planos para construir un nuevo templo que estuviese acorde con la proyección de la ciudad. La planta que se presenta es longitudinal con girola y tiene tres naves con capillas laterales. No se sabe a ciencia cierta quién fue el autor de los planos originales. Algunos apuntan a Hernán Ruiz el Viejo. Uno de los grandes estudiosos de la Catedral malagueña, el que fuera Canónigo Bolea y Sintas, afirma que el trazado se debe a Juan Bautista de Toledo. La tendencia general es la atribución a Diego de Siloé, teoría que se sostiene entre otros argumentos en la cita que se recoge en el prólogo de la traducción de 1564 del tratado De Architecttura de Vitrubio.

Para aprobar el que se comenzara a levantar el proyecto de Siloé, vino hasta Málaga Enrique Egás, que era en ese momento el Maestro Mayor de Toledo. Su misión era dar el visto bueno al trabajo. Un personaje que fue clave en el comienzo de las obras es Pedro López, primer Maestro Mayor de la Catedral de Málaga. Él arrancó la fábrica y consigue elevarla desde sus cimientos hasta una altura de 6 metros. Su buena relación con Egás hace que el Cabildo confiase en él. La labor desempeñada por Pedro López en Málaga recibe el calificativo de impecable por los especialistas, del que destacan su buen oficio y responsabilidad.

1534 / 1539: Mueren Enrique Egás y Pedro López en 1539, por lo que se comienza a buscar arquitecto y aparejador.

1542: Fray Martín de Santiago y Diego de Vergara serían elegidos por el Obispo Bernardo Manrique en 1542. Hasta ese momento se había levantado parte de la cabecera, el deambulatorio, la portada y galería, que une la Iglesia del Sagrario con la Catedral por la zona del Patio de los Naranjos.

1545: Muere Fray Martín de Santiago y Manrique plantea al Cabildo varios nombres de arquitectos que trabajan siguiendo los principios estéticos del Renacimiento. Es elegido Andrés de Vandelvira al que se le pidió un proyecto para proseguir las obras. El aparejador Diego Vergara presentó otro, y ambos fueron sometidos al criterio técnico de Hernán Ruiz II, que por entonces era el arquitecto de la Catedral de Córdoba y que se decidió por el de Vergara.

1551 / 1588: Diego Vergara es el único Maestro Mayor. Fue sustituido por su hijo hasta 1588, cuando toman las riendas del proyecto Francisco Blanco de Salcedo y Francisco Pacheco de Córdoba. En esa etapa se realizan los brazos del crucero, la Capilla Mayor, los cubillos exteriores, la Antesacristía –hoy Sacristía Mayor-, y se hacen los cimientos de lo que debería ser la Sacristía Mayor que nunca llegó a construirse.

1588: Se detiene todo el proceso de fábrica. El nuevo Obispo Luís García de Haro decide abrir al culto el Templo, del que solo se había construido la Cabecera, la Girola y la Capilla Mayor, así como el Crucero y una Torre provisional levantada en 1554. El 30 de agosto de ese año se inaugura oficialmente la Santa Iglesia Catedral. Al día siguiente se abrieron las puertas oficiándose una Solemne Eucaristía Estacional que finalizó con una procesión claustral del Santísimo Sacramento. Los festejos y celebraciones duraron ocho días.

1589: Debido a la premura de los actos inaugurales, no se había buscado una solución al Coro, por lo que la Sillería de la antigua Catedral se acopló en un espacio del Templo nuevo.

1592: El Obispo García de Haro encarga a Hernán Ruiz III que construya el Coro a partir de lo que había proyectado Diego Vergara. Comenzaría a levantarlo sin respetar los cimientos que ya estaban hechos por lo que el Cabildo presentó quejas ante el Obispo. Al ver que éste desatendía su solicitud recurrieron al Rey, Felipe II.

1594: El monarca mandó paralizar las obras y pidió que se revisase lo que se había levantado, para lo que envió a Juan Minjares, Maestro Mayor de la Catedral de Sevilla. Siguiendo las recomendaciones de Minjares, Felipe II dictaminó que se respetase la cimentación original y que bajo la traza de Francisco de Mora, Diego Vergara (hijo), realizase el trabajo.

1595: De ese año es el dibujo que se conserva de Hernán Ruiz III de la Catedral de Málaga basado en el original que se perdió.

1599: Pedro Díaz de Palacios prosigue la obra. Los problemas económicos vendrían a ralentizar todo el proceso. Se sucederían un buen número de años en los que los obispos Martínez de Zarzosa y Fray Alonso de Santo Tomás, dedicarían gran parte de sus esfuerzos al ornato del Templo. Producto de esa época son: la sillería del Coro, el Tabernáculo y los Púlpitos. Los problemas crecían en la construcción de esta fase de la Catedral. Y esto ponía en peligro la integridad de lo que se había realizado hasta ahora. Junto a Díaz de Palacios presentaron informes los maestros de las catedrales de Granada y Córdoba. Todos ellos coincidían en la necesidad de seguir la construcción, de lo contrario corria peligro lo que se había levantado hasta ese momento.

1664: Bajo el mandato de Fray Alonso de Santo Tomás, se seguirá este arduo proceso de búsqueda de financiación. Una vez puestos de acuerdo la Corona, el Obispado y el Cabildo, se necesitaba de una Bula para proseguir.

1676: El Papa Alejandro VII refrenda el acuerdo alcanzado para continuar las obras pero no es hasta 1692 cuando llega a Málaga. Esto hizo que durante gran parte de finales del siglo XVII las obras estuviesen paradas. No obstante, en la segunda mitad de esa centuria se pusieron las rejas a la Capilla Mayor y al Coro, que fueron realizadas por Francisco de Melgar y Clemente Ruiz. Fue en esta etapa cuando se manda hacer el Tabernáculo, se levantan los púlpitos en el Altar Mayor y se talla el Facistol del Coro.

1693: El Obispo Bartolomé Espejo y Cisneros pone orden en la tesorería de la Diócesis y saneó la economía hasta el punto de que diseña, conjuntamente con el Cabildo, un plan financiero para seguir la construcción de la Catedral. Al frente de esta etapa estaría José de Bada, Maestro Mayor de la Catedral de Granada.

1721: José de Bada, consigue que se apruebe el proyecto. La obra comenzó por la fachada hasta conseguir unirla con lo que ya había hecho. Se plantea entonces hacer la portada en estilo barroco, siguiendo los principios estéticos que predominaban en esa época. Los arcos de la fachada principal nos recuerdan el diseño que hizo Alonso Cano para la Catedral de Granada.

1747: Comenzarían de nuevo los problemas. La construcción del muelle en el puerto se consideraba de mayor importancia que terminar la Catedral. El impuesto que se aplicaba sobre el aceite, la vid y la pasa, como medio de financiación de la obra de la Catedral, cambia de destinatarios. La crisis financiera de mediados del siglo XVIII hizo que se redujesen los sueldos de los trabajadores y desde la Corona se pretende fortalecer las infraestructuras civiles y restar los apoyos al patrimonio eclesiástico.

1754: Se asignan impuestos que recibía Málaga a la realización de los trabajos que garantizaban el mantenimiento en pie del monumento. Se sufre un nuevo revés con la muerte de José de Bada.

1756: Antonio Ramos es nombrado Maestro mayor. El Cabildo decide que el Maestro Mayor de la Catedral de Cádiz, Gaspar Cayón, supervisaría las obras para dar el visto bueno al trabajo de Ramos. Cayón valoró positivamente lo proyectado por Antonio Ramos, por lo que el proceso siguió adelante. Cubrir la nave central, unir la obra vieja con la nueva, así como concluir las torres y cubiletes era el trabajo que restaba.

1768: Se procede a la apertura del templo tal como lo conocemos en la actualidad. Sólo faltaba terminar las torres y la decoración de las capillas de la zona nueva. No fue fácil para Ramos. Por un lado, los recursos económicos eran muy escasos, y por otro, el Cabildo no llegaba a confiar plenamente en su trabajo, solicitando continuamente al Rey que enviase a arquitectos de su confianza para que revisasen los progresos que se iban haciendo.

El dinero era insuficiente, a lo que hay que añadir la negativa de diferentes localidades de la provincia a seguir contribuyendo mediante impuestos sobre las materias primas que salían a través del puerto marítimo.

1782: El Conde de Floridablanca elimina cualquier aportación económica a la Catedral, desviando los recursos al Montepío de Viñeros y a todas aquellas obras que tuviesen un interés público o social. La idea desde la Monarquía era que el país debía modernizarse y las prioridades se alejaban de los intereses religiosos.

Las consecuencias de estas medidas fueron drásticas y las obras se detuvieron de inmediato. Estas son las razones por las que nuestra Catedral está inconclusa, y no la leyenda sobre el desvío de fondos para la Guerra de la Independencia de América. Se llegan a terminar por dentro los cubos y se ponen ventanas y algunas vidrieras. Se coloca solería en las naves y en la Capilla Mayor. En esa época se encargan los órganos a Julián de la Orden y se le ponen verjas a la Puerta de las Cadenas y del Sol.

1782: Muere Antonio Ramos. Quedaron por construir las sacristías, los remates y estatuas de la fachada y laterales, una de las torres, toda la circunvalación de la zona superior, el panteón, la Sala Capitular y el Patio de los Naranjos. Tras la muerte de Antonio Ramos, es nombrado Maestro Mayor José Martín de Aldehuela, que en esos momentos estaba realizando las cajas de los órganos. En ese periodo se puso la reja del atrio que había diseñado Ramos y se hicieron arreglos en el interior de la fachada. Del mismo modo se afrontó la remodelación de la Sacristía y de la Capilla de la Encarnación que sufragó el Obispo Molina Lario.

1862: Después de varios años el Obispo Juan Nepomuceno Cascalla Ordóñez planteó a la Reina Isabel II, la conveniencia de terminar el monumento más destacado de Málaga.

1888: El Alcalde José Alarcón Luján intentó proseguir la obra con el apoyo de miembros destacados de la sociedad de aquel momento. Pero fracasaron en la construcción de la Catedral.

Siglo XX: Las intervenciones estuvieron dirigidas al aislamiento del edificio mediante diferentes planes. Se derribaron las casas que estaban adosadas al primer Templo de Málaga. Concretamente se intervino en la zona lateral de la calle Cister y Cañón.

Después de la Guerra Civil, y acogiéndose a la iniciativa promovida por el Gobierno de Franco de Regiones Devastadas, se abordó la conservación del Coro y se reformó el Presbiterio, Sala Capitular, fachada del Patio de los Naranjos y la decoración de las capillas.

Enrique Atencia, arquitecto diocesano, levantó el Oratorio de la Fe. Fue precisamente Atencia, quien se muestra contrario a terminar la Catedral, ante una propuesta que existió, por considerar que se perdería la identidad y originalidad de la Basílica.

En los últimos años se trabaja por la consolidación y desarrollo de la finalización de las obras.


Para conocer la historia de Málaga, del primer Templo de la ciudad y de la Diócesis, es necesario acudir al Archivo Catedral. Para llegar este lugar de privilegio para el estudio del pasado hay que acceder por la Capilla de San Sebastián a través de unas estrechas escaleras que nos conducen al interior de la torre norte.

Quien fuese archivero de la Catedral, Vidal González, hizo recopilación sobre los documentos que contiene este espacio privilegiado para el estudio y la investigación. Alfonso Sánchez Mairena nos ha legado también una interesante visión y estudio sobre el Archivo a partir del inventario más antiguo que se conserva, datado en 1523, que unido a los Estatutos de la Catedral, de 1492, hacen que podamos formarnos una idea aproximada de cómo se comenzó el proceso de ordenar, clasificar y difundir el material que se iba generando.

Siguiendo el inventario que se hace en 1523, el Deán tenía las llaves del arca en la que se guardaba el Sello del Cabildo. Esa llave podía tenerla también el Notario Apostólico que hacía las veces de Secretario del Cabildo. Todo lo referente al Coro estaba en manos del Chantre que conservaba los libros de música. El Tesorero era otro de los cargos destacados y tenía como misión el controlar los ornamentos, reliquias, libros… en el arca que había junto a unas escrituras en las que se recogían los apuntes contables.

Volviendo al inventario de 1523, nos encontramos con que existían dos lugares en los que se conservaba toda la documentación que se iba generando. La primera de esos lugares se situaba en la zona de nueva construcción de la antigua Mezquita transformada en Templo cristiano y la segunda era un gran armario situado en la Sacristía.

Los documentos que contenían esos armarios que han sobrevivido a los diferentes avatares de la historia son: libros, registros o protocolos -entre los que puede hacer actas-, cuadernos o grupos de pliegos agrupados, y legajos en los que se unen documentos sueltos por temática o fecha.

Es, en definitiva el Archivo, un tesoro documental de la historia en el que está recogida la memoria de la Catedral.

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