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13 de marzo de 2011

EL ACTO PENITENCIAL DE LA MISA


El Celebrante besa el Altar y extiende ese beso de Jesús a los fieles [Boletín de enero]. Cristo hace presencia donde dos o más se reúnen en su nombre. Pero ¿realmente es en su nombre? ¿No habrá egoísmos –incluso espirituales- que impiden, puesto que donde no hay amor no está Dios? Entonces, para poder continuar la Celebración, lo primero que se necesita es el reconocimiento de nuestro pecado y de nuestra actitud de pecadores. Y un segundo paso más esencial todavía: pedir perdón a Dios y “a vosotros hermanos”, y que éstos buenos hermanos rueguen unos por otros para poder formar así esa unidad (comunidad) a la que pueda llegar y “hacer morada” el Cristo real de la Eucaristía.

Lo cierto es que ese acto penitencial de la Misa está descafeinado por la rutina, por las prisas. Lo que indica la Instrucción del Misal es que se haga una pausa. Y debiera ser lo suficientemente “pausa” como para dar lugar a ese “sentirse pecador”
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