26 de julio de 2009

La Biblia es para los católicos

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La Biblia es para los católicos

WASHINGTON, sábado, 25 de julio de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la guía para la lectura de la Biblia que ha publicado Mary Elizabeth Sperry, directora asociada para el uso de la New American Bible en la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB).
* * *

La Biblia nos rodea. La gente oye las lecturas de la Sagrada Escritura en la iglesia. Tenemos leyes que toman su nombre de la historia del "buen samaritano" (Lucas 10), damos la bienvenida a casa al "hijo pródigo" (Lucas 15) y buscamos la "Tierra Prometida" (Éxodo 3, Hebreos 11). Algunos pasajes bíblicos se han convertido en refranes y expresiones populares, tales como "Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos" (Mateo 7, 12), "No robarás" (Éxodo 20, 15), "Amad a vuestros enemigos" (Mateo 22, 39).

El católico de hoy está llamado a una lectura inteligente y espiritual de la Biblia.

A continuación se ofrecen diez sugerencias para una lectura fructífera de la Sagrada Escritura.

Leer la Biblia sí es para los católicos. La Iglesia alienta a los católicos a que hagan la lectura de la Biblia parte de su vida diaria de oración. Al leer estas palabras inspiradas, las personas profundizan en su relación con Dios y llegan a entender su lugar en la comunidad de aquellos que Dios ha llamado para sí.

Orar al principio y al final. Leer la Biblia no es como leer una novela o un libro de historia. Deberíamos comenzar con una oración pidiendo al Espíritu Santo que abra nuestro corazón y nuestra mente a la Palabra de Dios. La lectura de la Sagrada Escritura debería terminar también con una oración para que esta Palabra dé fruto en nuestra vida, ayudándonos a ser personas más santas y más fieles.

¡Entérese de toda la historia! Al escoger una Biblia, busque una edición católica. La edición católica incluye la lista completa de los libros que la Iglesia considera sagrados, así como introducciones y notas para comprender el texto. La edición católica incluye una nota de imprimatur en el reverso de la página del título. El imprimatur indica que el libro está libre de errores doctrinales según la enseñanza católica.

La Biblia no es un libro; es una biblioteca. La Biblia es una colección de 73 libros escritos en el curso de muchos siglos. Los libros incluyen historia de los reyes, profecías, poesía, cartas que retan a nuevas comunidades de creyentes en dificultades, y relatos de la predicación y la pasión de Jesús transmitida por parte de los creyentes. El conocimiento del género literario del libro que se está leyendo le ayudará a entender las herramientas literarias que usa el autor y el significado que éste trata de transmitir.

Sepa qué es la Biblia -y también lo que no es. La Biblia es el relato de la relación de Dios con el pueblo que Él ha escogido para sí. No está escrita para ser leída como un libro de historia, ni de ciencia, ni como un manifiesto político. En la Biblia, Dios nos enseña aquellas verdades que necesitamos para el bien de nuestra salvación.

La suma es mayor que las partes. Lea la Biblia en su contexto. Lo que sucede antes y después-incluso en otros libros-nos ayuda a entender el verdadero significado del texto.

Lo antiguo tiene relación con lo nuevo. El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se iluminan el uno al otro. Aunque leamos el Antiguo Testamento a la luz de la muerte y resurrección de Cristo, éste tiene también su valor propio. Juntos, estos testamentos nos ayudan a entender el plan de Dios para la humanidad.

No están leyendo solos. Al leer y reflexionar sobre la Sagrada Escritura, los católicos se unen a aquellos hombres y mujeres fieles que han tomado en serio la Palabra de Dios y la han puesto en práctica en su vida. Leemos la Biblia en la tradición de la Iglesia para beneficiarnos de la santidad y sabiduría de todos los fieles..

¿Qué me está diciendo Dios? La Biblia no se dirige sólo a gente que murió hace mucho tiempo en un lugar lejano. También se dirige a cada uno de nosotros en sus propias circunstancias. Cuando leemos, debemos entender lo que dice el texto y cómo han entendido los fieles su significado en el pasado. A la luz de este entendimiento, entonces nos preguntamos: ¿qué me dice Dios a mí?

Leer no es suficiente. Si la Sagrada Escritura se queda sólo en palabras en una página, nuestra tarea no ha terminado. Necesitamos meditar sobre el mensaje y ponerlo en práctica en nuestra vida. Sólo entonces puede la palabra ser "viva y eficaz" (Hebreos 4:12).

24 de julio de 2009

Experiencia

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He visto lo siguiente debajo del sol:

Un hombre cristiano que desea estar en paz con todos, y no tener enemistad con nadie, sufre a veces desavenencias en la vida con ciertas personas. Un día puede discutir con un vecino al que no conoce de nada. Ni tan siquiera van juntos a la Iglesia, ni rezan juntos. Ni siquiera conoces si tiene fe en Jesucristo, o sin tan siquiera cree en Dios. Pero he visto lo siguiente: Tras pasar un poco de tiempo, no importa lo que haya ocurrido, esa persona parece haber olvidado el mal momento que tuvimos, y te saluda y te habla como si nada hubiera ocurrido. Incluso esa persona te puede regalar un día una sonrisa. Veo que esto es un gran don de Dios y una Gracia impresionante.

A veces los más conocidos o los más aparentemente devotos y piadosos no te tratan mejor que los desconocidos o los que no comparten tal vez tu fe.

19 de julio de 2009

bebé aido

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Hoy vi esta noticia que me agrada. Desde aquí mi reconocimiento a todos los que luchan y trabajan por la defensa de la vida. ¡NO AL ABORTO!

EL LIBRO DE LA CONFIANZA (I)

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Me lo prestó un hermano en Cristo, y he decidido compartirlo con otros. Gracias también a la web que es de donde he tomado el texto.

CAPÍTULO I

¡Confianza!




Nuestro Señor Jesucristo Nos Convida a la Confianza

Voz de Cristo, voz misteriosa de la gracia que resonáis en el silencio de los corazones, Vos murmuráis en el fondo de nuestras conciencias palabras de dulzura y de paz. A nuestras miserias presentes repetís el consejo que el Maestro daba frecuentemente durante su vida mortal: "¡Confianza, confianza!"

Al alma culpable, oprimida bajo el peso de sus faltas, Jesús decía: "Confía, hijo; tus pecados te son perdonados". (Mat. 9,2) "Confianza", decía también a la enferma abandonada que sólo de El esperaba la curación, "tu fe te ha sanado"(Mat. 9,22). Cuando los Apóstoles temblaban de pavor viéndole caminar, por la noche, sobre el lago de Genasaret, El les tranquilizaba con esta expresión tranquilizadora: "Tened confianza, soy Yo, no temáis"(Mc. 6,50). Y en la noche de la Cena, conociendo los frutos infinitos de su sacrificio, El lanzaba, al partir hacia la muerte, el grito de triunfo: "¡Confiad! ¡Confiad! ¡Yo he vencido al mundo!" (Jn. 26,33).

Esta palabra divina, al salir de sus labios adorables, vibrante de ternura y de piedad, obraba en las almas una transformación maravillosa. Un rocío sobrenatural les fecundaba la aridez, rayos de esperanza les disipaban las tinieblas, una tranquila serenidad ahuyentaba de ellas la angustia. Pues las palabras del Señor son "espíritu y son vida" (Jn. 6,64)."Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica" (Lc. 2,28).

Como antaño a sus discípulos, ahora es a nosotros, a quien Nuestro Señor convida a la confianza. ¿Porqué rehusaríamos atender su voz?

Muchas Almas tienen Miedo de Dios

Pocos cristianos, incluso entre los fervorosos poseen esta confianza que excluye toda ansiedad y toda duda. Son muchas las causas de esta deficiencia. El Evangelio narra que la pesca milagrosa aterró a San Pedro. Con su impetuosidad habitual, él midió de un solo golpe la distancia infinita que separaba la grandeza del Maestro de su propia pequeñez. Tembló de terror sagrado, y posternándose, rostro en tierra, exclamó: "Señor, apártate de mí, que soy hombre pecador" (Lc. 5,8).

Ciertas almas tienen, como el Apóstol, ese terror. Ellas sienten tan vivamente la propia indigencia y las propias miserias, que apenas osan aproximarse a la Divina Santidad. Les parece que un Dios tan puro debería sentir repulsa al inclinarse hacia ellas. Triste impresión, que le da a la vida interior una actitud contrahecha, y, a veces, la paraliza completamente.

¡Cómo se engañan estas almas!

Jesús se acercó enseguida al Apóstol sobrecogido de espanto: "No temas" (Lc. 5,10), le dijo, y le hizo levantarse...

¡También vosotros, cristianos, que recibísteis tantas pruebas de su amor, nada temáis! Nuestro Señor recela, ante todo, que tengais miedo de El. Vuestras imperfecciones, vuestras flaquezas, vuestras faltas, aun graves, vuestras reincidencias frecuentes, nada le desanimará en tanto que deséis sinceramente convertiros. Cuanto más miserables sois, más compasión El tiene de vuestra miseria, más desea cumplir, junto a vosotros, su misión de Salvador.

¿No vino a la tierra sobre todo por los pecadores? (Mc. 2,17)

A Otras Almas Les Falta La Fe

A otras almas les falta la fe. Ellas tienen seguramente esa fe corriente, sin la cual traicionarían la gracia del bautismo. Creen que Nuestro Señor es todopoderoso, bueno y fiel a sus promesas; pero no saben aplicar esta creencia a sus necesidades particulares. No están dominadas por la convicción irresistible de que Dios, atento a sus pruebas, se vuelve hacia ellas, a fin de socorrerlas.

Sin embargo, Jesucristo nos pide esta fe especial y concreta. El la exigía otrora como condición indispensable para sus milagros; y la espera, también de nosotros, antes de concedernos sus beneficios.

"Si puedes creer, todo es posible al que cree" (Mc. 9,23), decía al padre del niño poseso. Y en el convento de Paray-le-Monial, empleando casi los mismos términos, repetía a Santa Margarita María: "Si puedes creer, verás el poder de mi Corazón en la magnificencia de mi amor...".

¿Podéis creer? ¿Podréis llegar a esa certeza tan fuerte que nada la altera, tan clara que equivale a la evidencia?

Esto es todo. Cuando lleguéis a ese grado de confianza, veréis maravillas realizarse en vosotros.

Pedid al Maestro Divino que aumente vuestra Fe. Repetidle con frecuencia la oración del Evangelio: "¡Creo, Señor, ayudad a mi incredulidad" (Mc. 9,23).

Esta Desconfianza de Dios Nos Es Muy Perjudicial

La desconfianza, sean cuales fueren sus causas, nos trae perjuicios, privándonos de grandes bienes.

Cuando San Pedro, saltando de la barca, se lanzó al encuentro del Salvador, caminó al principio con firmeza sobre las olas. El viento soplaba con violencia. La olas ya se levantaban en torbellinos furiosos, y socavaban en el mar abismos profundos. La vorágine se abría delante del Apóstol. Pedro tembló... Dudó un segundo, y luego comenzó a hundirse... "Hombre de poca fe, le dijo Jesús, ¿por qué has dudado?" (Mt. 14,31).

He ahí nuestra historia. En los momentos de fervor nos quedamos tranquilos y recogidos al pie del Maestro. Cuando viene la tempestad, el peligro absorbe nuestra atención. Desviamos entonces las miradas de Nuestro Señor para fijarlas ansiosamente sobre nuestros sufrimientos y peligros. Dudamos... y luego ¡caemos! Nos asalta la tentación. El deber se nos hace fastidioso, su austeridad nos repugna, su peso nos oprime. Imaginaciones perturbadores nos persiguen. La tormenta ruge en la inteligencia, en la sensibilidad, en la carne...

Y no hacemos pie; caemos en el pecado, caemos en el desánimo, más pernicioso aún que la propia culpa. Almas sin confianza, ¿por qué dudamos?

La prueba nos asalta de mil maneras; ya los negocios temporales peligran, el futuro material nos inquieta; ya la maldad nos ataca la reputación, la muerte rompe los lazos de las amistades más legítimas y cariñosas. Entonces, nos olvidamos del cuidado maternal que la Providencia tiene con nosotros... Murmuramos, nos enfadamos, y de este modo aumentamos las dificultades y el efecto doloroso de nuestro infortunio.

Almas sin confianza, ¿por qué dudamos?

Si nos hubiéramos apegado al Divino Maestro con confianza, tanto mayor cuanto más desesperada pareciese la situación, ningún mal nos sobrevendría de ella... Habríamos caminado tranquilamente sobre las olas; habríamos llegado sin tropiezos al golfo tranquilo y seguro, y, en breve habríamos hallado la región hospitalaria que la luz del cielo ilumina.

Los santos lucharon con la misma dificultad...

Muchos de ellos cometieron las mismas faltas. Pero éstos, al menos, no dudaron... Se levantaron sin tardanza, más humildes después de la caída, no contando desde entonces sino con los socorros de lo Alto... Conservaron en el corazón la certeza absoluta de que, apoyados en Dios, todo podrían. ¡No fueron engañados en esa confianza! (Rom. 5,5)

Transformaos en almas confiantes. Nuestro Señor os invita a ello; y vuestro interés así lo exige. Os haréis, al mismo tiempo, almas iluminadas, almas en paz.

Objetivo y División de Este Trabajo

Este trabajo no tiene otro objetivo sino el de iniciaros en el conocimiento y práctica de esta virtud. Aquí se expondrá de ella, muy sencillamente, la naturaleza, el objeto, los fundamentos y los efectos.

Lector piadoso, si alguna vez este modesto librito te cayera en las manos, no lo apartes con desdén. El no pretende ni encantos literarios, ni originalidad. Solamente contiene verdades consoladoras, que recogí en los libros inspirados y en los escritos de santos. He ahí su único mérito.

Intenta leerlo despacio, con atención, con espíritu de oración. Casi diría: ¡medítalo! Déjate penetrar dulcemente por su doctrina. La savia del Evangelio palpita en estas páginas. ¿Habrá para las almas mejor alimento que las palabras del Señor?

Que al terminar esta lectura, te puedas confiar totalmente al Maestro adorable, que todo nos dio: ¡los tesoros de su Corazón, el amor, la vida y hasta la última gota de su sangre!

El examen de conciencia

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El examen de conciencia

Por monseñor Rafael Sandoval Sandoval M.N.M., obispo de Tarahumara


MÉXICO, sábado, 18 de julio de (ZENIT.org-El Observador).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Rafael Sandoval Sandoval M.N.M., obispo de Tarahumara, sobre el examen de conciencia.

* * *
1. "VIGILAD Y ORAD"

Jesús me dice que hay que discernir cada día. Pero para hacerlo no hay recetas. Los santos nos dicen lo que a ellos les sirvió, pero la receta la necesitamos hacer cada uno y cada día.

"Vigilar y orar" es ver qué está pasando dentro y fuera de nosotros. Este mundo cambia, y nosotros también cambiamos de sentimientos. Ver es una actitud permanente y de alerta. No podemos instalarnos.

Hay que estar todos los días mirando los signos de los tiempos, lo que sucede en el mundo, lo que pasa en la Iglesia, la propia historia, las mociones interiores, etc. Para eso necesitamos tener espacios diarios.

Pero hay que saber que la seguridad no está en nosotros mismos, sino en Él. Hay que estar siempre abiertos para ver qué nos está diciendo Dios, y dispuestos a cambiar nuestros modos de pensar. Hay que ver la realidad con los ojos de la fe.

2. EL EXAMEN DE CONCIENCIA

Existe un instrumento magnífico que nos ayuda a ser seguidores de Jesucristo: es el tradicionalmente llamado "examen de conciencia particular". Es muy sencillo y, por desgracia, poco practicado.

Tal instrumento es importante para todo cristiano, pero especialmente para el agente de pastoral, para el seglar, para el religioso y para el sacerdote. ¡Cuántos conflictos internos y externos desaparecerían si lo practicáramos! Frecuentemente lo aprecian más algunos psicólogos que los mismos creyentes. Si el psicólogo es creyente, lo aprovechará mucho. Pero no se necesita ser muy sabio para poderlo practicar. Lo puede hacer cualquier persona que quiera tener la vida en sus manos.

¿Por qué no se practica? Entre las muchas razones hay dos que subrayo aquí: la primera es porque lo reducimos a algo contable de fallas. Hacerlo de esta manera nos llevaría a caer en el miedo y en el escrúpulo. La segunda es porque nos quedamos en un análisis psicológico que poco tiene que ver con la fe.

3. ¿QUÉ ES EL EXAMEN?

El examen particular es una atención suave y afectiva del corazón. Es un ponerme delante del Señor para platicarle qué pasó en el día que acaba de terminar. Por eso es conveniente hacerlo antes de dormir.

Es un momento de comunicación con Dios; un encuentro y un diálogo con Él; algo así como dice el salmo: "Como están los ojos fijos en las manos de su señor, así están mis ojos fijos en el Señor" (Salmo 122, 2).

De lo que se trata es de ver por dónde y cómo está pasando el Señor en mi vida. Para eso se necesita mucho afecto. Cuando se ama a alguien, se le contempla y se ven los contenidos de su presencia, de su voz, de su paso; hasta se contempla a qué huele.

Se trata de tener una actitud constante de buscar la voluntad de Dios por un contacto ininterrumpido con Él. Esto me hará ver si estoy de lado de Dios, y me mantendrá en buena tonalidad. Así podré tener mi vida en mis manos. En pocas palabras: el examen es una especie de evaluación que me ayuda a tener mi vida bajo mi control.

Consiste en contemplar los impulsos que vienen del Señor. Estos impulsos son movimientos interiores por los que Dios me habla. Cada impulso espiritual consta de dos elementos: una frase ("no tengas miedo") y un sentimiento (paz, claridad). Si sé contemplar cada impulso, entonces tendré lo que se llama un "estado espiritual". Este último consiste en la huella o afecto que quedó después de haber tenido los impulsos.

El examen de conciencia consiste en examinar los impulsos espirituales que Dios me concedió en el día. Tal examen ya es oración, y junta la historia y las mociones interiores. Ahí se une la oración y la vida.

Alguien puede decir que no siente nada, pero eso no es verdad. Sólo los muertos no sienten. Siempre estamos sintiendo algo. Incluso cuando no sentimos nada, pues ese "nada" ya es algo, y se llama "sequedad". También ese "nada" hay que examinarlo para ver qué me dice el Señor.

4. ¿PORQUÉ ES BUENO HACER EL EXAMEN?

Porque así vamos aprendiendo a estar con Dios y platicarle lo que pasó en el día. De esta forma vamos contemplando lo que contemplamos. Es un contemplarme contemplándolo a Él.

Si lo hacemos diariamente, nos iremos dando cuenta del lugar central que Dios va ocupando en nuestra vida. El examen es como un puente entre la oración y la vida.

Además, nos hace más libres. Nos ayuda a tener "libertad interior". De esta forma nos iremos dando cuenta de que ya no nos importa tanto el "qué dirán", sino el "cómo estoy delante del Señor".

Son las cosas pequeñas las que más descuidamos. Estas "cosas pequeñas" son las que ni nos ponen del lado del mal, pero tampoco nos dejan poner del todo del lado del bien.

Nos daremos cuenta de lo que Dios nos está dando, pero también iremos tomando consciencia de los propios defectos. Pero hay que hacerlo con paz y sin culpabilidad enfermiza.

A veces pasamos muy distraídos en el día, y así vamos dañando a los demás con palabras y acciones sin darnos cuenta. Con frecuencia somos duros y bruscos sin percibirlo.

Si lo practicamos, iremos notando que nuestro existir va adquiriendo más calidad. Además, tiene un grande valor terapéutico o curativo, pues así vamos analizando los sentimientos (angustia, miedo, alegría, etc.).

Así vamos viendo cómo está trabajando Dios en mí y vamos viendo cómo está pasando.

5. UN MODO DE HACERLO

1) DAR GRACIAS A DIOS

Consiste en que le dé gracias a Dios por los dones de mi vida. ¿De qué le quiero dar gracias hoy a Dios?

2) PEDIR LUZ Y ACEPTAR

Le pido luz para conocerlo, y gracia para aceptarlo como está pasando. Luz para ver la vida, y gracia para aceptarla. Así, vida y Presencia me irán volviendo contemplativo.

Por ejemplo: ¿En qué personas vi al Señor ese día? ¿En qué circunstancias o acontecimientos lo vi? ¿Lo vi en la lluvia, en el frío, en el calor, en...? Lo que importa es la Presencia del Señor.

3) EXAMINAR

Ahora examino la vida, y miro si entró el Señor. Hago el énfasis en su Presencia. No me centro en mi mismo, sino en el Señor. No se trata de ver si prediqué bonito, si fue bueno el curso que tomé o si hice bien mi trabajo. Las siguientes preguntas pueden servir: ¿El Señor pasó? ¿Le impedí que pasara? ¿Qué le impidió?

4) CONVERSAR

Ahora le platico sobre lo que examiné. Si vi su Presencia a través del día, le doy gracias. Si no lo vis, le digo: "dispénsame".

Ese platicar ha de ser tranquilo, como cuando estoy con un amigo: "Oye, pero qué difícil fue verte en esa persona tan habladora; en esa persona tan difícil...". Ahí puedo expresarle mis disgustos o mis frustraciones. Puedo preguntarle: ¿Qué buscas con todo esto?

5) HACER ACUERDOS

Los acuerdos no son propósitos. Si hago propósitos, seguro que no los voy a cumplir. Lo mejor es que le diga: "Dime qué, y ayúdame para que sea para agradarte a Ti".

6 de julio de 2009

Ante la muerte de Michael Jackson

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Por monseñor José Ignacio Munilla Aguirre


PALENCIA, sábado, 4 de julio de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, ante la muerte de Michael Jackson.





De "reyes" y "mendigos"





Recién acontecida la muerte del cantante Michael Jackson, y cuando los medios de comunicación se prodigaban en difundir la noticia con todo tipo de detalles y especulaciones, me encontraba con un grupo de adolescentes que recibían el sacramento de class="style66"la Confirmación. Parecía lógico que aquella noticia tuviese cabida en nuestra conversación, habida cuenta del eco que estaba alcanzando.

No creo que haga falta convencer a nadie del influjo tan notable que pueden llegar a tener las estrellas musicales en nuestro horizonte cultural, moral y espiritual, y especialmente en el caso de los jóvenes. El hecho de que un icono tan destacado de la música moderna, considerado como el "rey del pop", haya llevado una existencia tan contradictoria y concluya sus días de una manera tan dolorosa, nos invitaba a una serena reflexión sobre la fragilidad de los valores de la cultura occidental:

- ¿Sabéis? ¡También yo tenía aproximadamente vuestra misma edad cuando murió Elvis Presley, el "rey del rock"! ¿No os parece mucha casualidad que estas dos "estrellas" hayan muerto de una forma tan similar?

- ¡De casualidad nada! -me respondió uno de aquellos jóvenes-. ¡El mismo Michael Jackson había manifestado que tenía el temor de "terminar como Elvis"!

No está de más añadir que nuestros jóvenes son bastante más lúcidos de pensamiento de lo que muchas veces solemos suponer.

Divorcio entre el gusto estético y el bien moral

El hecho de que la cultura dominante esté tan profundamente marcada por el subjetivismo y el relativismo, contribuye más, si cabe, a que el gusto estético sea entendido como algo puramente arbitrario (¡sobre gustos no hay nada escrito!). Son muchos quienes piensan que sus gustos e inclinaciones musicales nada tien en que ver con los valores de su vida, máxime cuando en muchos casos nos cuesta entender la letra de las canciones.

Lo cierto es que algunos mitos o "iconos" musicales han ejemplificado con sus vidas el inexorable callejón sin salida al que conduce la disociación entre la estética y el bien moral del ser humano. ¿Cómo se compagina el que un artista alcance el cénit de su carrera profesional, al mismo tiempo que crece su grado de desesperanza? ¿Cómo es posible que la opinión pública dirija su admiración hacia unos "reyes" que, en el fondo, no son sino "mendigos" de una felicidad, la cual son incapaces de alcanzar?

La humildad de saberse instrumento

¡Qué difícil es mantenerse en la cumbre de la fama sin corromperse! ¡Qué fácil es caer en la tentación de un endiosamiento que termina por ensombrecer el valor de la obra artística! Posiblemente, una de las tentaciones más frecuentes en el mundo del espectáculo consista en desviar la atención de lo objetivo a lo subjetivo: de la obra musical, al cantante ídolo; del deporte, a la estrella galáctica... terminando por fomentar un culto a la imagen, que anula la conciencia de sabernos "instrumentos" de un misterio de verdad y de bondad que nos precede y nos supera.

La vida y la muerte de Michael Jackson esconden la tragedia de toda una generación incapaz de alcanzar una libertad por la que suspira. ¿Hasta qué punto estam os marcados y condicionados por las heridas generadas por la desestructuración familiar? ¿En qué consiste la libertad: en hacer lo que queramos, o en querer lo que nos corresponde hacer? En última instancia, ¿la felicidad consiste en inventar una realidad a nuestro capricho, o más bien en querer conformar nuestro deseo con la voluntad divina?

Michael Jackson ha sido una "parábola" -y al mismo tiempo una "víctima"- de nuestra época, un "paradigma" del occidente carente de cimientos sólidos, capaz de lo mejor y lo peor, generoso y caprichoso, materialista e idealista... un genio tan contradictorio como nuestra cultura misma.

No sería justo que metiésemos en el mismo saco todas las experiencias de la música moderna. E xisten intentos serios de plasmar un mensaje de esperanza en expresiones musicales innovadoras, como es el caso del conjunto irlandés U2, que actúa estos días en Barcelona. En una reciente entrevista, el solista del grupo, Bono, declaraba que se había inspirado en la arquitectura del maestro Gaudí para crear el escenario de su gira: "Gaudí hacía un lugar donde la gente podía rezar. Y para nosotros la música es una plegaria. A veces es a Dios, a veces es a tu amor, pero siempre una plegaria". En efecto, la clave de un producto musical de calidad no puede estar exclusivamente en el genio del artista, sino también en su propuesta de sentido, además de en la coherencia moral de su vida.