jueves 26 de febrero de 2009

El Papa propone una Cuaresma de conversión

El Papa propone una Cuaresma de conversión

Al presidir el rito de las cenizas


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 25 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Al presidir este miércoles el rito de las cenizas, Benedicto XVI inició la Cuaresma lanzando un sentido llamamiento a la conversión.

Y para ello propuso vivir estos cuarenta días que preparan para la pasión, muerte y resurrección de Jesús en permanente escucha de la Palabra de Dios.

El rito comenzó a las 16.30, en la iglesia de San Anselmo, en el monte Aventino de Roma, con un momento de oración, seguido por la procesión penitencial hacia la basílica de Santa Sabina.

En la procesión, participaron los cardenales, obispos, los monjes benedictinos de San Anselmo y los padres dominicos de Santa Sabina y los fieles.

Al final de la procesión, en la basílica de Santa Sabina, el Santo Padre presidió la celebración eucarística, en la que, como un fiel, recibió la imposición de las cenizas.

En la homilía, animó a los presentes a "recibir las cenizas sobre la cabeza como signo de conversión y de penitencia", aprendo "el corazón a la acción vivificante de la Palabra de Dios".

"Que la Cuaresma, caracterizada por una escucha cada vez más frecuente de esta Palabra, de una oración mas intensa, y de un estilo de vida austero y penitencial, sea estímulo para la conversión y para el amor sincero hacia los hermanos, especialmente los más pobres y necesitados", exhortó.

Pero, "¿cómo es posible vencer en la lucha entre la carne y el espíritu, entre el bien y el mal, lucha que marca nuestra existencia?", se preguntó el Santo Padre.

Respondió haciendo ejercicio de escucha de la Palabra de Dios, citando precisamente el pasaje evangélico de la liturgia del Miércoles de Ceniza que indicaba tres medios fundamentales: "la oración, la limosna y el ayuno".

Porque cuando sois obedientes al obispo como a Jesucristo, es evidente para mí que estáis viviendo no según los hombres sino según Jesucristo, el cual murió por nosotros, para que creyendo en su muerte podamos escapar de la muerte. Es necesario, por tanto, como acostumbráis hacer, que no hagáis nada sin el obispo, sino que seáis obedientes también al presbiterio, como los apóstoles de Jesucristo nuestra esperanza espérance (cf. 1Tm 1,1); porque si vivimos en El, también seremos hallados en Él.

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