jueves 22 de enero de 2009

La humildad

Del hombre bueno y pacífico.
Por Tomás de Kempis (Imitación de Cristo, Libro II, Cap. 2-3)

-No te importe mucho quién está por ti o contra ti, sino busca y procura que esté Dios contigo en todo lo que haces.

-Ten buena conciencia y Dios te defenderá.

-Al que Dios quiere ayudar lo le podrá dañar la malicia de alguno.

-Si sabes callar y sufrir, sin duda verás el favor de Dios.

-Él sabe el tiempo y el modo de librarte, y por eso te debes ofrecer a Él.

-A Dios pertenece ayudar y librar de toda confusión.

-Algunas veces conviene mucho, para guardar mayor humildad, que otros sepan nuestros defectos y los reprendan.

-Cuando un hombre se humilla por sus defectos, entonces fácilmente aplaca a los otros y sin dificultad satisface a los que lo odian. Dios defiende y libra al humilde; al humilde ama y consuela; al hombre humilde se inclina; al humilde concede gracia, y después de su abatimiento lo levanta a gran honra.

-Al humilde descubre sus secretos y lo atrae dulcemente a sí y lo convida.

-El humilde, recibida la afrenta, está en paz, porque está en Dios y no en el mundo.
-No pienses haber aprovechado algo, si no te estimas por el más inferior a todos.

-Ponte primero a ti en paz, y después podrás apaciguar a los otros.

-El hombre pacífico aprovecha más que el muy letrado.

-El hombre apasionado, aun el bien convierte en mal, y de ligero cree lo malo.

-El hombre bueno y pacífico todas las cosas echa a la buena parte.

-El que está en buena paz, de ninguno sospecha.

-El descontento y alterado, con diversas sospechas se atormenta; ni él sosiega, ni deja descansar a los otros.

-Dice muchas veces lo que no debiera, y deja de hacer lo que más le convendría.

-Piensa lo que otros deben hacer, y deja él sus obligaciones.

-Ten, pues, primero celo contigo, y después podrás tener buen celo con el prójimo.

-Tú sabes excusar y disimular muy bien tus faltas, y no quieres oír las disculpas ajenas.

-Más justo sería que te acusases a ti, y excusases a tu hermano.

-Sufre a los otros si quieres que te sufran.

-Mira cuán lejos estás aún de la verdadera caridad y humildad, la cual no sabe desdeñar y airarse sino contra sí.

-No es mucho conversar con los buenos y mansos, pues esto a todos da gusto naturalmente; y cada uno de buena gana tiene paz, y ama a los que concuerdan con él.

-Pero poder vivir en paz con los duros, perversos y mal acondicionados, y con quien nos contradice, grande gracia es, y acción varonil y loable.

-Hay algunos que tienen paz consigo, y también con los otros.

-Otros hay que ni la tienen consigo, ni la dejan tener a los demás: molestos para los otros, lo son más para sí mismos.

-Y hay otros que tienen paz consigo, y trabajan en reducir a paz a los otros.
-Pues toda nuestra paz en esta miserable vida, está puesta más en el sufrimiento humilde, que en dejar de sentir contrariedades.

-El que sabe mejor padecer, tendrá mayor paz. Este es el vencedor de sí mismo y señor del mundo, amigo de Cristo y heredero del cielo.

Gracias a corazones.org

Porque cuando sois obedientes al obispo como a Jesucristo, es evidente para mí que estáis viviendo no según los hombres sino según Jesucristo, el cual murió por nosotros, para que creyendo en su muerte podamos escapar de la muerte. Es necesario, por tanto, como acostumbráis hacer, que no hagáis nada sin el obispo, sino que seáis obedientes también al presbiterio, como los apóstoles de Jesucristo nuestra esperanza espérance (cf. 1Tm 1,1); porque si vivimos en El, también seremos hallados en Él.

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