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11 de enero de 2009

Defender la fe

Al contrario, santificad a Dios el Señor en vuestros corazones,y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.

(2 Pe 3,15)







Doy gracias a Dios, el único Dios verdadero, al cual adoro en Espíritu y en verdad. Le doy gracias por su Santa Iglesia, la cual quiso fundar sobre Pedro (Mt 16,18) y fundamentar sobre los Apóstoles y Profetas (Ef 2, 20) sabiendo perfectamente que el fundamento principal es CRISTO, y por tanto teniendo Pedro y sus sucesores el Primado en su Santa Iglesia, al cual le entregó sólo a Pedro las llaves del reino de los cielos (Mt 16,19)

Doy gracias por la Iglesia, a la cual Dios ama y sus enemigos blasfeman, porque el discípulo no puede ser más que el maestro, y que es también madre y maestra de todos los cristianos que han nacido de nuevo en ella por el Sacramento del Bautismo (Jn 3,5).

Amo a Jesucristo, el cual confieso que ha resucitado de entre los muertos y subió al cielo, pero está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20). Le doy gracias por darme la oportunidad de tener en cada Eucaristía un encuentro personal con El (Jn 6,35), y por dejarme bendecir su Nombre mientras el sacerdote consagra el pan y el vino, haciendo lo mismo que Cristo hizo en la noche que iba a ser entregado, y creo firmemente que Jesús está presente en este Santísimo Sacramento, y que el el que come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna (Jn 6,54), que su carne es verdadera comida, y su sangre verdadera bebida (Jn 6,55), y todo el que la come permanece en Cristo (Jn 6, 56), pero también se que no de todos es la fe, y que muchos se escandalizan al oir estas palabras, y se marchan de la Iglesia (Jn 6, 60-66).



Es maravilloso poder ver a Jesucristo en mi interior después de cada comunión de su Cuerpo y de su Sangre, y sentirme así unido a todos mis hermanos y hermanas que en cualquier lugar del mundo participan de un mismo pan y de un mismo cáliz. Le doy gracias al Padre celestial por enviarnos a su amado Hijo Jesucristo, el cual ha hecho posible, al destruir el poder del pecado y de la muerte con su sacrificio en la cruz, que al confesar nuestros pecados, estos sean perdonados, y doy gracias por que el haya dado poder a los Apóstoles para perdonar pecados en su Nombre.(Juan 20:23), y doy doblemente gracias por los sacerdotes que suceden a los Apóstoles con los Obispos en el ministerio de estos.

Me siento tan feliz de haber vuelto a la Iglesia Católica. Cada día quisiera poder darle gracias continuamente a Dios por esto.

Me da mucha pena cuando veo a una persona que ha caido en lo mismo que yo caí, pero que sigue dándole vuelta una y otra vez a los argumentos ya refutados.

Pido por ti. Dios te ama.
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