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2 de noviembre de 2008

Veneración de imágenes

VENERACIÓN:

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La Iglesia Católica enseña que las imágenes no reciben reverencia en sí mismas, sino que la reverencia va dirigida a la persona que representa. Si somos de Cristo somos miembros de su Cuerpo Místico, la Iglesia. Cristo es la cabeza del Cuerpo y cada miembro es venerado en relación a su lugar en el Cuerpo.

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Te pondré un ejemplo de veneración..

El Apóstol Pablo es miembro del Cuerpo de Cristo, ahora en el cielo. Cristo lo ha salvado. A Dios corresponde todo el HONOR, todo el MÉRITO, y TODA ADORACIÓN.

El Apóstol Pablo es un miembro muy relevante de la Iglesia. Es lógico que en la Iglesia se le recuerde, se le mencione, se le ponga de ejemplo de cristiano. Le respetamos profundamente. Es decir, le veneramos. No le adoramos, puesto que sabemos que si el apóstol Pablo llegó a ser quién fue, TODO se lo debe a DIOS. Por eso ADORAMOS a Dios. Dios es todo. Pero a Pablo le veneramos. Si eres cristiano y no veneras a Pablo, tienes un problema. ¿Y tener una imagen de el? Pues si. Una imagen, que cuando la veas, te recuerde, o que puedas sacar a la calle en procesión para dar testimonio de Cristo, por ejemplo un día al año, en el que se conmemore una fecha importante de su vida, como su nacimiento, por ejemplo. Porque el ejemplo, la vida, las palabras de Pablo, inspiradas por el Espíritu Santo, pueden convertir y sirven para evangelizar. Y la Iglesia da así gloria a Dios, al proclamar en medio del mundo que Cristo ha hecho todo. Que el bienaventurado Pablo, fue bienaventurado por causa de Jesús. Y con eso le damos a Dios toda la gloria y toda la honra, y le ADORAMOS.

Lo contrario de venerar podría ser despreciar, olvidar…eso no es cristiano, y si lees un poco a los autores cristianos de los 3 primeros siglos, te darás cuenta de que los cristianos veneramos a nuestros santos en la Iglesia desde el principio.

Sabiendo que VENERAR no es ADORAR, puesto que cualquier Católico que no sea simlemente un católico nominal, sabe la diferencia, no estamos incumpliendo ningún mandamiento.






Según el Catecismo de la Iglesia Católica:






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La adoración
2096 La adoración es el primer acto de la virtud de la religión. Adorar a Dios es reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso. ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto’ (Lc 4, 8), dice Jesús citando el Deuteronomio (6, 13).


2097 Adorar a Dios es reconocer, con respeto y sumisión absolutos, la ‘nada de la criatura’, que sólo existe por Dios. Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo, como hace María en el Magnificat, confesando con gratitud que El ha hecho grandes cosas y que su nombre es santo (cf Lc 1, 46-49). La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo.




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Queda demostrado con argumentos que una cosa es venerar y otra es adorar. Por tanto no es correcto, decir que “venerar es adorar”.

Hermano separado, te invito a meditar esto.

La Iglesia Católica condena la IDOLATRÍA.




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La idolatría
2112 El primer mandamiento condena el politeísmo. Exige al hombre no creer en otros dioses que el Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades que al único Dios. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los ‘ídolos, oro y plata, obra de las manos de los hombres’, que ‘tienen boca y no hablan, ojos y no ven...’ Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: ‘Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza’ (Sal 115, 4-5.8; cf. Is 44, 9-20; Jr 10, 1-16; Dn 14, 1-30; Ba 6; Sb 13, 1-15,19). Dios, por el contrario, es el ‘Dios vivo’ (Jos 3, 10; Sal 42, 3, etc.), que da vida e interviene en la historia.


2113 La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. ‘No podéis servir a Dios y al dinero’, dice Jesús (Mt 6, 24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a ‘la Bestia’ (cf Ap 13-14), negándose incluso a simular su culto. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina divina(cf Gál 5, 20; Ef 5, 5).


2114 La vida humana se unifica en la adoración del Dios Unico. El mandamiento de adorar al único Señor da unidad al hombre y lo salva de una dispersión infinita. La idolatría es una perversión del sentido religioso innato en el hombre. El idólatra es el que ‘aplica a cualquier cosa, en lugar de a Dios, la indestructible noción de Dios’ (Orígenes, Cels. 2, 40).

Y condena la superstición.




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La superstición
2111 La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).

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Las imágenes explicadas en el Catecismo de la Iglesia Católica (enseñanza de la Iglesia)




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IV ‘No te harás escultura alguna...’


2129 El mandamiento divino implicaba la prohibición de toda representación de Dios por mano del hombre. El Deuteronomio lo explica así: ‘Puesto que no visteis figura alguna el día en que el Señor os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a prevaricar y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea...’ (Dt 4, 15-16). Quien se revela a Israel es el Dios absolutamente Trascendente. ‘El lo es todo’, pero al mismo tiempo ‘está por encima de todas sus obras’ (Si 43, 27- 28). Es la fuente de toda belleza creada (cf. Sb 13, 3).


2130 Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado: la serpiente de bronce (cf Nm 21, 4-9; Sb 16, 5-14; Jn 3, 14-15), el arca de la Alianza y los querubines (cf Ex 25, 10-12; 1 R 6, 23-28; 7, 23-26).


2131 Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio Ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva ‘economía’ de las imágenes.


2132 El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, ‘el honor dado a una imagen se remonta al modelo original’ (S. Basilio, spir. 18, 45), ‘el que venera una imagen, venera en ella la persona que en ella está representada’ (Cc de Nicea II: DS 601); cf Cc de Trento: DS 1821-1825; Cc Vaticano II: SC 126; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una ‘veneración respetuosa’, no una adoración, que sólo corresponde a Dios:


El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen. (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 81, 3, ad 3).



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Como te dije en mi mensaje anterior, es lícito tener imágenes religiosas, y no va contra ningún mandamiento, puesto que las imágenes no son consideradas por un católico bien formado, divinidades, ya que sólo creemos en un solo DIOS, Padre-Hijo-Espíritu Santo.

¿Reconoces entonces, hermano separado, que no hay pecado en tener imágenes de Jesús, en poder mirarlas, en poder sacarlas a la calle en una procesión para testimoniar en medio del mundo que creemos en Jesucristo, y a poder dirigirme a Jesús contemplando una imagen suya o una cruz?
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