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29 de septiembre de 2008

REGALO DE AMOR

REGALO DE AMOR

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16

No conforme con el abrazo, primera demostración de amor, el padre del hijo prodigo que vuelve a casa se propone ahora expresar la profundidad de su cariño de otra forma muy visible: colmar de regalos a su hijo. ¿Qué clase de regalos?

Es interesante notar el primer regalo: su presencia, su aceptación incondicional, estar allí en el momento preciso. Además de eso, mandó a que lo vistieran con túnicas nuevas; por su puesto, también calzado nuevo, un anillo, una fiesta en su honor y la promulgación de un mensaje de alegría por su regreso al hogar paterno.

Quizá nos han enseñado que los regalos se ganan. Pero este joven no se había ganado nada; al contrario, lo había perdido todo por su actitud y sus decisiones incorrectas. Sin embargo, es grandioso saber que los regalos son solamente una gran demostración de amor, no necesariamente premios que alguien merezca. Puede ser que mi hijo, mi esposo, mi vecino, mi compañero de trabajo y yo misma tampoco los merezcamos. ¡No! Los regalos se prodigan porque el amor del dador es tan profundo y desinteresado que quiere expresarlo de manera tangible e incondicional.

Algunas personas, aun adultas, sólo pueden sentirse amadas a través de regalos. Tales regalos no necesariamente deben costar dinero. Como mujeres, sabemos el valor de una rosa, de una nota de aprecio, de un mensaje en el móvil; detalles pequeños que alimentan el alma.

Por eso Dios envío a su Hijo, lo más grande que tenía: para demostrarnos la magnitud de su Amor. ¿Podríamos comprender el gran amor de Dios si no hubiésemos recibido tan especial regalo? Quizás no. De tal manera te amó Dios que envío a su Hijo único para que tengas vida eterna. Envió a lo más excelso. Su único Hijo, su mejor representación.

Contemos hoy a otra persona la historia del maravilloso regalo que hemos recibido del cielo. Ese es el menor obsequio que hayamos podido hacerle a alguien. Demostremos gratitud al Rey del universo por tan maravilloso e inmerecido don.

Dios te bendiga,

28 septiembre, 2008

Estoy orando por ti

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