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30 de abril de 2008

«Suscitar un nuevo entusiasmo por la Biblia»,

«Suscitar un nuevo entusiasmo por la Biblia», reto para el sínodo de los obispos

Apunta el obispo Paglia, presidente de la Federación Bíblica Católica


ROMA, 28, abril 2008 (ZENIT.org).- De un estudio internacional que revela la positiva actitud hacia la Sagrada Escritura, su importancia entre los fieles, pero también la dificultad para encarnarla en la vida cotidiana, se desprende la necesidad, para el próximo sínodo de los obispos, de «suscitar en todo el mundo cristiano un nuevo entusiasmo por la Biblia».

Es la conclusión que transmitió el obispo italiano de Terni, monseñor Vincenzo Paglia, este lunes, en la Sala de Prensa de la Santa Sede ante medios internacionales, en la presentación de la investigación que ha patrocinado como presidente de la Federación Bíblica Católica.

«La lectura de las Escrituras», investigación realizada por «GfK Eurisko» en una muestra de población adulta en los Estados Unidos, Reino Unido, Holanda, Alemania, España, Francia, Italia, Polonia y Rusia, ha tenido en cuenta las diversas tradiciones cristianas para alcanzar una referencia concreta de la relación de los cristianos con la Biblia.

Por eso, en su intervención, el obispo Paglia se detuvo --sin ánimo de exhaustividad-- en los aspectos pastorales que se derivan del estudio, cuya pretensión es sencillamente ayudar en esta reflexión, ciertamente de utilidad para el próximo sínodo.

Se confirma --apunta el prelado-- la intuición del Concilio Vaticano II, que exhortó a los fieles a redescubrir las Escrituras como fuente primaria de la vida espiritual. Son muchas las comunidades que la han acogido, pero aún queda mucho camino por delante, advierte monseñor Paglia.

Igualmente se confirma el vínculo entre Biblia y Eucaristía; la mayor parte de los encuestados indica la celebración dominical como lugar habitual de escucha de la Palabra de Dios. De ahí que el obispo de Terni sugiera una renovada atención al Leccionario litúrgico y a las homilías.

Como «absoluta prioridad» señala «el papel de la Biblia en el diálogo ecuménico», porque las Escrituras siguen siendo --dijo-- el lugar más eficaz que tienen los cristianos para caminar juntos por la vía de la unidad. Al respecto, lanza un apremio: un compromiso más continuado en la escucha --en común-- de la Palabra y en favorecer su difusión.

A pesar de la secularización la investigación revela una actitud general de gran respeto por la Sagrada Escritura. Y se considera, entre los cristianos, capaz de proponer el sentido de la vida. En cualquier caso, siguiendo la explicación del prelado italiano, la mayoría percibe la Biblia como difícil, por lo que requieren explicaciones e instrumentos de acompañamiento.

Son muchos igualmente los que consideran la Biblia como un texto capaz de proponer valores, pero también difícil de poner en práctica.

«Aquí se abre un primer gran desafío --advirtió el obispo Paglia--: cómo pasar de las fascinación que las Escrituras siguen suscitando también en una sociedad secularizada» a una «palabra eficaz y fuerte que cambia el corazón y la vida». En su opinión, la responsabilidad está en la predicación a partir de la Escritura.

El estudio evidencia también que «el cristianismo individualista con la Biblia es más difícil» --describe el prelado--, porque la escucha de la Palabra favorece la reunión de los que la atienden y la percepción de lo que significa ser Iglesia.

Como la investigación también muestra que la Biblia, en muchos aspectos, es desconocida o poco asimilada en sus contenidos, «es necesario que nazcan, a partir de la cita sinodal, energías nuevas» que revitalicen iniciativas como «escuelas de la Palabra», «escuelas del Evangelio» o «escuelas de lectura y escucha de la Biblia», sugiere.

Y ante todo, transformar la lectura bíblica en oración, porque --como señala monseñor Paglia-- son aún una minoría los cristianos que oran con la Biblia, así que la «lectio divina» deben encontrar nuevos espacios hasta ser habitual en las comunidades cristianas.

Son razones por las que concluye: «Debemos desear que el Sínodo suscite en todo el mundo cristiano, del católico al ortodoxo y protestante, un nuevo entusiasmo por la Biblia».

Por Marta Lago
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