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24 de abril de 2008

Pero... yo nunca me he visto como sacerdote

Jorge pregunta:

Padre Ricardo,

Tengo 20 años y estudio leyes. Desde niño he convivido con sacerdotes en la escuela y siendo una gran admiración por ellos. Incluso he conocido su vida en sus seminarios y aunque han sido los días más felices de mi vida, no me veo como sacerdote.

Este año fui a misiones y creo que podría dedicarme a esto durante toda mi vida, de lo bien que me he sentido. Pero, nuevamente, nunca me he visto como sacerdote.

A pesar de todo, una y otra vez se me presenta el deseo de hacer con mi vida algo hermoso para Dios. Tengo una necesidad de arriesgar mi vida por algo que valga la pena de cara a la vida eterna... no quiero ser un simple empleado más que sólo espera jubilarse para que otro le sustituya, a ver si tuvo mejor suerte.

Querido Jorge,

Gracias por tu pregunta. No cabe duda de que Dios ha ido cuidando tu alma a lo largo de tu vida y que ahora su presencia se hace más intensa, sobre todo en ese deseo de gastar tu vida en algo que realmente merezca la pena.

Por tu pregunta, me da la impresión de que eres un joven normal y que, como tal, sientes un atractivo por la vida matrimonial, por fundar una familia, tener un trabajo digno, etc. Pero al mismo tiempo, deseas trascender, dejar una huella en la historia y te parece que en la vida profesional te quedarás siendo una estadística mas, sin impactar profundamente la vida de otras personas. ¿Qué hacer ante este panorama?

Ese atractivo que sientes por las misiones, por el apostolado, por la vida apostólica quizás sea un indicio de que Dios te está llamando a una vida de mayor entrega. Puede ser como sacerdote, pero repetidamente mencionas que no te ves como sacerdote... Pero, ¿qué tal como laico consagrado?

Un seglar o laico consagrado no deja el mundo pero no es del mundo, vive inmerso al mundo, trabaja como cualquier seglar, pero utiliza toda su creatividad e inventiva para misionar el mundo del trabajo, de la política, de la economía, de las obras caritativas. Se consagra a Dios y al servicio de la Iglesia y sus hermanos en cuerpo y alma, haciendo presente la caridad de Dios, sin limitarla a una familia.

Puede ser, también, Jorge, que Dios sí te quiera llamar al sacerdocio... tú nunca te has visto así, pero quizás Él quiere que lo consideres.

Vive con serenidad este período, incrementa tu contacto con María y con Cristo eucaristía, y, también, medita en algún libro que te pueda ayudar. Te recomiendo mucho el del P. Anthony Bannon, "Pedro junto al mar" que puedes descargar de este sitio de internet.


http://www.vocacion.org/content-fe8.htm
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