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20 de abril de 2008

El dolor

A nadie le gusta sufrir, si se pudiera evitaríamos cualquier circunstancia de la vida que nos cause dolor. Sin embargo es una realidad que el dolor y el sufrimiento son parte de la historia del ser humano y le ha acompañado durante todas las etapas de la humanidad; a veces resulta incomprensible, nos aturde, y parece que envuelve nuestra vida con nubarrones grises que impiden ver la luz.

El rechazo al dolor es una tendencia natural que nos afecta por completo y por eso se busca cómo aliviarlo, pues aunque este localizado en la muela, en la cabeza, en la espalda o cualquier otra parte del cuerpo, siempre influye en el estado de ánimo y en la actividad que se realiza. Hay dolores que no se curan con medicamentos, que no tienen nada que ver con las molestias con las molestias físicas, pero que lastima y nos hace frágiles cuando se derivan de la ingratitud del compañero, la injusticia, la traición del amigo, la mentira de aquellos en los que confiaste, la calumnia de los que te envidian, la indiferencia de un hijo que no corresponde a tu entrega y amor, e incluso el de la edad al ver tus capacidades debilitarse, etc. Muchos son los dolores del corazón que lastiman profundamente y en esos momentos que alivio se experimenta al poder recurrir a las lágrimas que nos ayudan a desahogar lo que sentimos; sobretodo si las compartimos con alguien que nos comprende y que con gusto se hace cómplice de nuestra pena.Pero no todo termina aquí, pues existe todavía un dolor más fuerte y profundo, y es el dolor del alma, ese que te desgarra en lo más profundo de tu ser, pues es espiritual, es muy íntimo; es aquél que siente una madre al enfrentar la muerte de su hijo, el del enamorado al descubrir la infidelidad de su amada, el de la secuela que te deja un accidente al cambiar tu vida de una manera radical; es entonces cuando las palabras no son suficientes y las caricias no calientan el corazón. Es una pena tan cruel y dramática que te lleva hacia la negación, a la rebeldía y al camino oscuro del desánimo. Al pasar el tiempo y observar que la vida continúa se descubre que el sufrimiento encierra un gran misterio porque a pesar de que nos hiere también nos enseña, nos hace fuertes y saca de nosotros cualidades y capacidades que no imaginábamos tener. Se descubre que junto a él hay un lenguaje que nos dice que siempre encima de las nubes existe un cielo azul y que se puede llegar al puerto de la aceptación, que traerá paz a tu interior al hacer triunfar al amor sobre el dolor, que significa vencerlo y no ser víctima de el. Ahí radica el descubrir que le puedes dar sentido a tu sufrir.
Es bueno estar conscientes de que no debemos pasar por este mundo sin conocer lo que es llorar desde adentro; por eso no hay que olvidar que en el sufrimiento se encuentran grandes lecciones. No le tengamos miedo al dolor, si hay que temer a la superficialidad, a pasar por la vida evadiendo nuestra existencia o realidad. A veces estos momentos son los que te hacen ponerte de pie, te sacuden y te dicen: ¡despierta, estas gastando tu vida en lo vano!
A la intensidad del sufrimiento hay que corresponder con la intensidad del ofrecimiento, a la constancia del dolor hay que responder con la constancia del amor.
Recuerda: No hay pena que pueda limitar tu capacidad de amar, tu sonrisa aún puede iluminar los rincones más obscuros y tu fortaleza será ejemplo para otros en los momentos difíciles.

Fuente: http://diocesisdecelaya.org/modules/news/article.php?storyid=243
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