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8 de junio de 2007

La Santa Misa (I)


La Santa Misa es mas importante que todas las devociones particulares. San Juan Crisóstomo dice: "La celebración de la Misa, vale tanto cuanto vale la muerte de Cristo en la cruz". El precio de la sangre de Cristo derramada en la cruz es nada menos que el precio de nuestra redención.

Hubo un tiempo en que los cristianos eran esclavos de los musulmanes o estaban en sus cárceles, y eran rescatados o librados de ellas mediante un precio o cierta cantidad de dinero.

Hoy en día hay también muchos hombres y mujeres esclavos o como si estuvieran atados con las cadenas del pecado, del demonio, de la muerte eterna.

Pero Jesucristo ha hecho algo para librarnos de estas cadenas y rescatarnos así de nuestros enemigos.

Lo explican muy bién los apóstoles san Pedro y san Pablo en la Biblia.

"No con oro o plata, que son bienes corruptibles, sino con su sangre preciosa derramada en el Calvario, y es por su sangre, que logramos el perdón de nuestros pecados"

(citas bíblicas: 1 Ped. 1,18; Ef. 1,7)

Sabiendo que esto es así, no tenemos excusa. Hay ahora un modo único en la vida de los hombres, con el cual puedes liberarte de la cadena que te ata al enemigo del alma, que es el diablo, y de esta forma evitar así el infierno eterno, que es lugar destinado para los que rechacen la redención que Dios te ofrece.

¿Y que tengo que hacer entonces? Preguntará todavía alguno quizás.

Si crees que Cristo murió por los pecados y resucitó para que tuvieras la vida eterna, entonces a continuación tenemos que aplicarnos a nosotros mismos, los méritos adquiridos por Cristo a través de su pasión y muerte.

De nada nos va a servir el día de nuestra muere el decir, "Yo creí en Dios pero no practiqué" (el famoso soy católico pero no practicante).

Tampoco nos va a servir de nada el día de nuestra muerte el decirle al Señor: "Yo fuí buena persona, no le hice mal a nadie", porque en esta frase no hay nunca verdad. Siempre tenemos algo que hacemos mal, pecados cometemos todos. Otra cosa es que por la relajación espiritual a la que llegan muchas personas, son incapaces de analizar su interior para darse cuenta de esto.

Debes tener en cuenta, que Dios se hizo hombre para morir el en nuestro lugar, y que podamos salvarnos, porque si hubiera otra forma de salvarse, no hubiera padecido hasta la muerte. Debes meditar esto.

¿Todavía no lo entiendes?

Para salvarte tienes que aplicarte los méritos de la pasión de Cristo, esto es de su sangre derramada. Y esto se consigue mediante los sacramentos que el mismo instituyó para tal propósito. Son siete. Pero especialmente importante para nuestra salvación son: El Bautismo, la confesión de los pecados y la Eucaristía.

Por eso es tan importante asistir a la Santa MIsa cada semana al menos. No es que esto sea un precepto obligatorio (que lo es), sino que es un medio eficaz para que podamos aplicarnos los cristianos los méritos de la pasión de Cristo, y de este modo, poder salvarnos.

Así, el que va a Misa y es sincero y consciente de lo que hace, está en el camino correcto para salvarse.

Pero el que no va nunca. ¿Cómo se aplica la sangre de Cristo en pago por sus pecados?
De ninguna manera.

De modo que esa persona, está en serio peligro de que en cualquier momento sea demasiado tarde para su alma.

¿Porqué en cualquier momento?

Porque nadie sabe cuando le va a tocar abandonar este mundo. Morirse no quiere nadie, pero la realidad del hombre es que cada día salen de este mundo almas de personas de todas las edades.

Por eso dice el Señor, el que quiera vivir para siempre, que venga a mi, porque el que come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida eterna.


Fuente foto: http://www.erain.es/departamentos/Religion/UDEuca2/voca.htm
Bibliografía: Siguiendo la Misa. B.Martín Sánchez. Apostolado Mariano.
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