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13 de junio de 2007

La Eucaristía

La última cena, que Cristo nos mandó repetir hasta su vuelta, es el memorial de su Sacrificio por nosotros.
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
(1 Co 10, 16)
Ahora, si tu no participas en la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo, no participas del mismo y único pan del cielo que nos ha dado Cristo, y si tu mismo te excluyes de la comunión, te excluyes de Cristo.
Siendo uno sólo el pan, nosotros con ser muchos, somos un cuerpo, pues todos participamos del mismo pan (1 Co 10, 17)
¿De que pan y de que copa hablaba Pablo a los Corintios?
De esta (prosigue en su carta)
Yo recibí del Señor lo que también he enseñado: Que el Señor Jesús la noche que fue entregado, tomó pan, y dijo: "Tomad, comed; esto es mi cuerpo, que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mi; Asímismo tomó la copa, después de haber cenado, diciendo, "esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto en memoria de mi" (1 Co 11: 23-26)
Así que los católicos celebramos la Eucaristía (acción de gracias), y hacemos así lo que Cristo mandó, y que Pablo explica tan claro.
Y no tomamos este alimento que da la vida eterna, de cualquier manera, porque no es un mero símbolo o representación, sino que son verdaderamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, tal y como el mismo anunció a los judios que le abandonaron por ser duro su lenguaje (ver Juan 6)
Y que Pablo ya dice que el tomarlo indignamente (esto es, sin analizarse si uno está en la caridad o no), te tragas tu propia condenación (1 Co 11:27-33). ¿Así que si te puedes condenar al beber del cáliz o comer el pan, como no va a darte la salvación este maravilloso sacramento?
Si lo tomas indignamente te puedes hasta morir, por profanar el sacramento, es decir a Cristo mismo (1 Co 11:30-31)

nosotros sabemos claramente que si pecamos, tenemos a Jesucristo en el sacramento de la confesión, y no se está en la misma condición después de comulgar, porque la comunión del cuerpo y de la sangre de Cristo te hace uno con Cristo, y eso te otorga su Gracia para ayudar a tu debilidad. Si comulgamos, es decir, si Cristo está en nosotros, es precisamente lo que nos hace libres del pecado, porque El es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, y si escucharas atentamente una Misa católica, te darías cuenta de que decimos: "Señor, no tengas en cuanta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia", y otras cosas maravillosas que te dan la paz en Cristo Jesús.
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