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10 de mayo de 2007

Tiempos de poda

Evangelio según San Juan 15,1-8.

Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.


Podría parecer que esta parábola hable de los agricultores. Si vas al campo varás al agricultor, al viñador, como poda la vid. Con que destreza se maneja. Sabe perfectamente aquellas ramas que tiene que cortar del tronco. Ramas que ya no tienen posibilidad de dar uvas y entonces se convierten en ramas que no sirven para nada. Hojarasca. Esas ramas sólo tienen sentido cuando están perfectamente entroncadas con el árbol, si no, no cumplen su función de dar los frutos, y entonces, lo mismo da cortarlas y echarlas a un fuego.

Hoy el Señor nos dice en esa parábola, que es sobre nosotros, que seamos conscientes que la vida cristiana verdadera consiste en permanecer en Cristo, el es la vid verdadera, de modo que podamos dar, mucho fruto, según dice el mismo Señor. Nosotros somos esas ramas de esa vid. De vez en cuando el viñador hará una poda para limpiarla de hojarasca, de todo lo que sobra, de forma que el árbol se mantenga en buén estado.

De vez en cuando sucede esa poda dentro de la Iglesia Católica. Son tiempos de reformas. Parece que hay crisis, que las cosas no van bién, que hay cosas que no dan fruto. Entonces Dios se encarga de podar aquello de dentro de la Iglesia que no da fruto, es decir, lo que no sirve. Hay que tener siempre confianza en Dios. El sabe podar, igual que el agricultor lo hace con la vid del campo. Tu no sabrías podar una vid si no eres agricultor, y por eso en la Iglesia quién se encarga de manera perfecta de hacer la poda, siempre es Dios, a lo largo de la historia. No hay que desesperarse cuando vemos ramas que no dan fruto, ya que a su tiempo vendrá la poda, y de nuevo la vid resplandecerá.

Nosotros a lo nuestro, que es, procurar estar muy unido a Cristo, única forma de dar fruto de verdad, porque separados de Cristo, nada podemos hacer. ¿De que forma nos unimos mas a Cristo? Hay dos direcciones. Nosotros hacia Cristo ("si vosotros permanecéis en mi"). Veo aquí nuestra respuesta a Dios, como María, que dijo "Si" a Dios ante el anuncio del Angel. Permanecemos en El cuando le amamos cumpliendo sus mandamientos y frecuentando los Sacramentos que El nos da, especialmente la Eucaristía y la Confesión. La otra dirección nos la explica muy bién en la Parábola. "Si mi Palabra permanece en vosotros"

El nos habla en este pasaje de un elemento que nos limpia. Esto es, "su Palabra". Leer la Palabra (en la Biblia especialmente), meditar la Palabra, amar la Palabra, escuchar la Palabra (en la Eucaristía especialmente), cumplir la Palabra (en tu vida). Si tenemos esto, entonces estaremos limpios, como le dice Jesús a sus discípulos. ¿No es maravilloso? Limpios. Y hay una promesa de bendición segura a los limpios, según entiendo yo en este fragmento. "Pidan lo que quieran y lo obtendrán".

No hay mayor gloria que se de a Dios, que dar frutos, una vida santa, ser sus verdaderos discípulos.

Que Dios nos bendiga con estas gracias.
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